Tatiana no tenía idea de lo que se estaba diciendo a sus espaldas.
Se detuvo frente a la oficina de Fabián, respiró hondo y tocó la puerta con suavidad.
Pasaron unos segundos antes de que se escuchara una voz desde adentro.
Fabián levantó la mirada, y al ver que era Tatiana, no pudo ocultar su sorpresa.
—¿Tú por aquí? ¿Qué te trae?
Tatiana levantó la bolsa que traía en la mano, mostrándola con una sonrisa ligera.
—Pensé que debías estar muy cansado del trabajo, así que te traje unos pastelitos.
—¿Terminaste ya tus pendientes? —La mirada de Fabián era difícil de descifrar, como si ocultara algo detrás de esos ojos oscuros.
Tatiana colocó la bolsa de pastelitos sobre el escritorio de Fabián.
—Terminé bastante rápido, y vi que cerca había de esos pastelitos de rosa que tanto te gustan, así que te compré algunos.
—Qué detalle —soltó Fabián, y su mirada se posó en la bolsa.
Era cierto, eran de su pastelería favorita.
Jamás pensó que Tatiana recordaría algo así.
Su expresión se suavizó un poco.
—Estás embarazada, no tendrías por qué hacer estas cosas. Si quiero, le puedo pedir a Andrés que me traiga algo.
—Pero si estaba de paso —Tatiana sonrió, apretando los labios—. Justo porque me importas, me gusta estar pendiente de lo que te gusta.
Fabián ya no insistió más. Bajo la mirada expectante de Tatiana, tomó uno de los pastelitos y le dio una mordida. Se notó el gusto en su expresión.
—Están buenísimos.
—Busqué la misma pastelería que te gusta —dijo Tatiana, dejando que su sonrisa se dibujara casi de manera ensayada.
Fabián terminó el pastelito, pero Tatiana seguía ahí, de pie, sin moverse ni dar señales de irse.
Él alzó una ceja.
—¿Pasa algo más? ¿Necesitas algo?
Tatiana pensó que era momento de sacar el tema de Violeta, así que se animó:
—Tatiana, ¿crees que tengo tiempo de sobra?
—No es eso. Solo no quiero darte preocupaciones innecesarias —respondió Tatiana—. En fin, es que una de mis amigas estaba desahogándose por cosas de su familia. Al parecer, su empresa está teniendo problemas.
Al final, decidió soltar la información poco a poco.
—¿Problemas en la empresa? —Fabián soltó una risa sarcástica—. Mar Azul Urbano es enorme. Es normal que surjan problemas en compañías tan grandes.
—Eso que dices es cierto, pero no es común que sean atacadas por el Grupo Zambrano —Tatiana suspiró, fingiendo pesar—. No cualquiera se mete con ellos, ¿no crees?
De pronto, Fabián levantó la cabeza, intrigado.
—¿Dijiste el Grupo Zambrano?
Tatiana disfrutó la reacción, aunque por dentro solo podía reírse.
—Sí, justo el Grupo Zambrano. ¿Te suena de algo, Fabián? ¿O sabes algo que yo no sepa?
Antes de que Fabián pudiera responder, Tatiana siguió hablando a su ritmo.
—Si no me equivoco, esa es la empresa del novio actual de la señorita Joana, ¿no?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando el Anillo Cayó al Polvo