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Cuando su celo llegó, mi vestido ya era de otro romance Capítulo 2

Esta vez la caída en el set había sido brutal. Se golpeó la nuca contra el suelo y, por un instante, su visión se fue a negro, perdiendo el conocimiento por completo.

Después de haber sacrificado tanto, ¿cómo iba a ceder su personaje así nada más?

—Director Estrada, de verdad quiero este papel. Sé que lo pongo en una posición difícil, pero ya vamos a la mitad del rodaje. Cambiar a la actriz ahora retrasaría aún más todo, ¿no cree? Además, mis lesiones no son tan graves. Denme tres días... solo tres días, y estaré lista.

Tras mucho rogar e insistir, el director finalmente cedió y le permitió continuar, bajo la estricta condición de que en tres días debía estar presente en el set.

Al colgar, Priscilla soltó un suspiro de alivio. Al menos había asegurado su trabajo.

Miró al hombre a su lado.

—Dr. Soria, en tres días...

El Dr. Soria la interrumpió con tono frío:

—Ni tres, ni diez días serán suficientes para que te recuperes. A menos que de verdad ya no te importe tu cuerpo.

Su tono se volvió un poco más severo.

—¿De verdad ese papel es tan importante?

Quizás era su ética médica la que no soportaba ver a una paciente destruyendo su propia salud.

Viendo al Dr. Soria marcharse, Priscilla se recostó en la cama, perdida en sus pensamientos. Abrió sus redes sociales y vio una publicación de Ramiro Luna, el mejor amigo de Renzo:

[Renzo es el mejor. Esta noche todas las bebidas van por su cuenta, invitando cuentas de cientos de miles de pesos como si nada].

Abajo había un pequeño video del club Marea Negra.

La música retumbaba en la pista de baile y, entre la multitud, se distinguía la figura imponente de un hombre. Era el centro de atención. Fumaba un cigarro mientras se inclinaba para escuchar a una chica, hablándole con una expresión cargada de ternura.

Mientras tanto, ella estaba sola en un hospital, embarazada de su hijo.

Ni siquiera tenía a quién contárselo.

Cuando empezaron a salir, Renzo fue muy claro: solo pasarían el rato, nada de hacerlo público.

***

—¿Te quieres casar conmigo?

La repentina pregunta dejó a Renzo paralizado; hasta se le olvidó sacudir la ceniza de su cigarro.

Fue Ramiro quien reaccionó primero.

—¡Maldita sea! ¿Le acaba de proponer matrimonio a Renzo?

Renzo entrecerró los ojos, levantó una ceja y, con un movimiento rápido, tiró de ella hasta sentarla en su regazo.

—¿De dónde sacas esto de repente? ¿Leíste algún chisme basura por ahí? ¿Mmm?

Priscilla se apoyó en su pecho firme, sintiendo el calor abrazador de su cuerpo. Era inevitable recordar las noches en las que este mismo hombre la mimaba con ternura. Pero al pensar que esos abrazos también le pertenecían a otra mujer, su corazón se volvió de hielo.

Con un dedo, trazó pequeños círculos sobre su pecho. Lo miró con los ojos húmedos, luciendo tan cautivadora como una sirena.

—Entonces dame dinero.

—He estado contigo tres años. Tres años... treinta millones de pesos.

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