Tras el comentario de Mateo, Tobías se apartó lentamente de los labios de Belén. La mantenía abrazada, mirándola con unos ojos cargados de deseo profundo, pero al responderle a su amigo, su tono de voz fue feroz y tajante:
—Cállate.
—Está bien, está bien. No voy a discutir con un hombre que jamás ha probado el sabor de una mujer —replicó Mateo, adoptando un tono de falsa superioridad y paciencia.
Tobías soltó un bufido y no dudó en dejarlo en evidencia:
—Hablas como si tú hubieras tenido a tantas.
Esa frase dejó a Mateo sin palabras. El silencio al otro lado de la línea fue absoluto.
Belén, con los brazos enlazados alrededor del cuello de Tobías, se apoyó contra su pecho, con el rostro pegado a su corazón, escuchando tranquilamente la conversación telefónica.
Luego del breve silencio, Tobías finalmente cedió y preguntó:
—Ya, dime. ¿Qué es lo que me ibas a decir? ¿Qué se celebra hoy?
Mateo dejó escapar un largo suspiro dramático.
—Se lo voy a tener que contar a Fabi. Tú, como su padrino, olvidaste su cumpleaños. Y ni se te ocurra decirme que sí lo recordabas, porque no te creo nada. Voy a ir directamente a acusarte con él.
Al escuchar eso, un destello de pánico cruzó por los ojos de Tobías. Trató de excusarse rápidamente:
—¿Quién dice que no me acordaba? ¡Si hasta ya le compré el regalo!
Mateo no se tragó la mentira.
—Entonces enciende la videollamada. Quiero ver exactamente qué le compraste a mi ahijado.
—No es un buen momento para hacer videollamada —se negó Tobías en seco.
Mateo chasqueó la lengua varias veces y lo provocó:
—¿Ves? No le compraste nada y encima te haces el digno. Me parece que Fabi se va a enojar contigo todo el día. Creo que ya es hora de que yo tome el título de padrino principal.
Tobías soltó una carcajada irónica.
—¿A qué viene eso de meter a la madre de Fabio en esto?
Tobías bajó la cabeza y rozó su nariz contra la de ella, frotándose con ternura antes de explicarle:
—Porque aparte de una madre biológica, la madrina es la persona que más puede consentir a un niño. Fabi ha carecido de amor materno desde que era muy pequeño. Ahora que te tiene, al fin tendrá a alguien que lo quiera como una mamá. Y cuando tengamos nuestros propios hijos, unos mellizos hermosos, podrán ser sus amigos y él nunca más se sentirá solo.
Al escuchar esas proyecciones a futuro, Belén le dio un golpecito suave en el pecho y murmuró:
—¿Por qué dices esas cosas? Todavía falta mucho para eso.
Tobías volvió a acercar sus labios y rozó su mejilla con cariño.
—¿Mucho? De ninguna manera. De todos modos, tú, Belén Soler, vas a ser mía y de nadie más. Si te atreves a fijarte en otro hombre, te rompo las piernas.
Allí donde los labios de Tobías tocaban su piel, Belén sentía una mezcla de cosquilleo y electricidad. Intentó apartarlo con las manos, pero él la atrapó por los brazos con suavidad.
Imponiendo su presencia, Tobías la besó con exigencia. Belén se dejó llevar y le correspondió. Los tenues gemidos que escapaban de ella volvieron a encender un calor insoportable en la sangre de Tobías.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....