A las tres y media de la tarde, Belén despertó en los brazos de Tobías.
Al notar la luz que entraba por las ventanas, se dio cuenta de que ya era bastante tarde. Se incorporó rápidamente y le dijo:
—Tenemos que ir a comprar el regalo de Fabio.
Tobías estiró su brazo, que seguía algo entumecido, y le respondió con voz suave:
—Primero vamos a comer. Ya sé qué regalo comprar, así que después del almuerzo iremos directo a la tienda.
Desde que salieron de casa en la mañana, apenas habían desayunado un poco y no habían vuelto a probar bocado. Además, habían tenido tres intensas sesiones de ejercicio.
Tobías moría de hambre desde hacía rato, pero prefirió aguantar para dejar que Belén descansara bien.
Temiendo que se les hiciera tarde, ella propuso:
—Entonces comamos cualquier cosa rápida.
—Me parece bien —accedió él.
Dicho esto, abrió la puerta para bajar y luego se giró para ayudarla. Pero al ver el estado en que había quedado la ropa de Belén, frunció el ceño ligeramente.
Ella notó su expresión, bajó la mirada y descubrió que su suéter estaba completamente arrugado y, en algunas partes, los hilos se habían descosido.
Belén lo miró con reproche y resopló:
—Todo esto es obra tuya.
Al verla quejarse con ese tono de molestia adorable, Tobías no pudo evitar sonreír.
—No es ningún problema. Ahora mismo te llevo a comprar un par de conjuntos nuevos.
Pensando que era la solución más lógica, Belén decidió no discutir más. Tomó la mano de Tobías e intentó salir del auto, pero al apoyar los pies en el suelo, sintió que las piernas se le volvían de gelatina. Estuvo a punto de caerse, pero Tobías reaccionó rápido y la sostuvo por la cintura.
—¿Qué pasa? —preguntó preocupado, al sentir que ella se apoyaba pesadamente contra él.
Belén le respondió con la voz algo ronca:
—Tobías, me duelen mucho las piernas.
Al escuchar eso, Tobías soltó una carcajada limpia y ofreció:
Fueron juntos al centro comercial. Belén tenía antojo de un buen tazón de sopa caliente y pasta, así que Tobías la acompañó a comer. Luego, la llevó a escoger ropa nueva: compraron un abrigo elegante y una chaqueta para el frío.
Con el problema del vestuario resuelto, se dirigieron a la tienda de juguetes, donde eligieron un avión eléctrico enorme para Fabio.
Con las compras hechas, regresaron al estacionamiento. Cuando el auto finalmente salió a la calle, ya pasaban de las cinco de la tarde y el cielo había empezado a oscurecerse.
Fue en ese momento cuando el celular de Tobías volvió a sonar. Al ver que era Mateo otra vez, le pidió a Belén:
—Mi amor, ¿puedes contestar por mí?
Belén miró la pantalla titilante y dudó unos segundos, pero al final tomó el teléfono.
En cuanto contestó, la voz de Mateo estalló en quejas:
—¡A ver, señor padrino! ¿Qué te pasa? ¿Tienes idea de la hora que es? Esteban y Fabio ya están aquí. ¿Dónde demonios te metiste?
Belén esperó pacientemente a que terminara de desahogarse y luego habló con voz suave:
—Perdón, ya estamos en camino.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....