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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1118

Al escuchar la voz de Belén, hubo un breve silencio al otro lado de la línea. Inmediatamente, Mateo cambió el tono a uno mucho más respetuoso y amigable.

—Ah, Belén, eres tú. Por favor, dile a Tobías que conduzca con cuidado. Y, por favor, asegúrate de que no se ponga a hacer cosas inapropiadas en el auto que los retrasen aún más.

El rostro de Belén ardió de vergüenza. Apenas pudo murmurar:

—Entendido.

—Bueno, los dejo —se despidió Mateo—. Los estamos esperando.

—De acuerdo —respondió ella antes de colgar.

Tobías soltó una risa ligera y comentó:

—Mateo siempre es así. No le hagas caso a sus tonterías.

Mientras Belén guardaba el celular, notó que el fondo de pantalla de Tobías era una foto de ellos dos juntos; aquella que él había tomado a escondidas la vez que fueron al cine.

Al darse cuenta de lo que ella estaba mirando, Tobías se apresuró a decir:

—Yo ya cambié mi fondo. ¿Y tú? ¿No quieres cambiar el tuyo también?

Belén se quedó pensativa, sin saber qué hacer. En el pasado, para demostrar su compromiso con Fabián, había cambiado absolutamente todo en su vida para que girara en torno a él. ¿Y de qué le había servido? No había obtenido nada a cambio.

Al ver su silencio, Tobías comprendió que presionarla no serviría de nada, así que rectificó de inmediato:

—Si no quieres, no lo cambies. Con que yo lo tenga es suficiente.

Belén se sorprendió por su reacción. Que no intentara forzarla era algo nuevo para ella. Giró el rostro para mirarlo, sin saber muy bien qué decir.

Él notó su mirada y le aseguró:

—Te lo dije, yo no soy como Fabián. Si hay algo que no quieres hacer, jamás te obligaré.

Al escuchar esas palabras, Belén sonrió y asintió levemente.

Poco después, el auto se detuvo frente al restaurante donde sería la cena. Tobías bajó primero, rodeó el vehículo para abrirle la puerta a Belén y le ofreció la mano:

—Te ayudo a bajar.

Ella aceptó su mano y, guiada por él, salió del auto.

Entraron al restaurante tomados de la mano, pero, nada más cruzar la puerta, se toparon de frente con Lucas.

—Mi amor, vámonos.

Ella le lanzó una mirada fulminante, pero no dijo nada.

Justo cuando daban el primer paso, la voz de Lucas los detuvo por la espalda:

—Srta. Belén.

Belén se detuvo, volteó hacia él y preguntó con cierta confusión:

—¿Pasa algo?

Con un tono que denotaba genuina advertencia, Lucas le dijo:

—Me alegra mucho que haya encontrado su propia felicidad, pero me siento en el deber de advertirle algo. Fabián es un hombre muy complejo. Si se entera de que usted está con Tobías, no se quedará de brazos cruzados.

Al escuchar eso, una pequeña chispa de ansiedad se encendió en el pecho de Belén.

Sin embargo, Tobías dio un paso al frente y lo cortó con frialdad:

—No se moleste en preocuparse por nosotros, Sr. Lucas. A mi mujer la protejo yo.

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