Al escuchar la firme respuesta de Tobías, Lucas se limitó a sonreír levemente.
Tobías no tenía intención de seguir conversando, así que simplemente añadió:
—Tenemos cosas que hacer, nos retiramos.
Dicho esto, rodeó a Belén por los hombros y empezó a caminar hacia el salón privado que Mateo le había indicado por mensaje.
Pero antes de que se alejaran demasiado, Lucas volvió a alzar la voz:
—Srta. Belén.
Ella se detuvo una vez más, giró hacia él y lo miró con evidente confusión.
—¿Aún necesita algo, Sr. Lucas?
Manteniendo la mirada serena y directa, él le pidió en voz baja:
—Quisiera ver a la Srta. Alejandra.
Con esas palabras, Belén comprendió de inmediato cuáles eran sus intenciones. Hubo un breve silencio antes de que respondiera con cortesía:
—Sr. Lucas, yo no puedo tomar decisiones por Alejandra. Si ella no desea verlo, no puedo obligarla. Así que pedírmelo a mí, honestamente, no servirá de mucho.
Lucas la escuchó atentamente y luego asintió.
—Comprendo su postura.
Belén le ofreció una sonrisa amable.
—Qué bueno que lo entienda.
En el fondo, hablar con Lucas le resultaba mucho más fácil y civilizado que lidiar con Fabián o con Edgar Guzmán. Lucas no insistió.
—Entonces, los dejo para que continúen con su evento.
Tras despedirse, dio media vuelta y se marchó.
Cuando Belén volteó para mirar a Tobías, lo encontró con una expresión de absoluto pánico.
Preocupada por su repentino cambio de actitud, le preguntó:
—¿Qué sucede?
Tobías, con el ceño fruncido y el rostro lleno de culpa, confesó:
—Esta mañana le prometí a Rosa que por la tarde la llevaría a recoger fresas... y se me olvidó por completo. Todo es mi culpa por no cumplir mi palabra.
Mientras hablaba, se dio una pequeña bofetada a sí mismo en señal de arrepentimiento.
Al verlo así, Belén también sintió una punzada de culpa y murmuró:
—También es culpa mía... por no haberte detenido y dejar que cometiéramos esas locuras en lugar de ir.
Tobías fue directo al grano:
—Rompí una promesa.
Mateo se quedó mudo al otro lado de la línea. Al ver que su amigo no decía nada, Tobías concluyó:
—Voy a colgar. Si logro solucionar esto a tiempo, entraré a explicarle todo a Fabi en persona.
Y terminó la llamada.
Inmediatamente después, marcó otro número. Tras unos segundos de espera, la voz tranquila de Dolores contestó:
—¿Tobías?
—Sí, Dolores, soy yo —respondió él.
Ella sonó intrigada.
—¿Qué ocurre? ¿Necesitabas algo?
Con cautela, Tobías preguntó:
—¿Dónde está Rosa?
—Está arriba armando un rompecabezas —explicó Dolores—. Esta tarde nuestra vecina tuvo que salir, así que nos dejó a la pequeña Paola. Las dos niñas se pasaron horas jugando juntas y luego bajaron un rato al parque a jugar en los toboganes.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....