Entrar Via

De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 224

Fabián la miró y no pudo evitar preguntarle:

—¿Y tú?

Belén ya se disponía a irse, pero ante la pregunta de Fabián, respondió algo confundida:

—¿Yo, qué?

—¿Ya estás mejor del resfriado? ¿Sigues con fiebre? —le preguntó él.

Al recordar el asunto, Belén respondió:

—Ajá.

Su actitud fue distante, contestando con un simple monosílabo.

Fabián se quedó perplejo por un momento, sin saber a cuál de sus preguntas se refería ese «ajá».

No dejaba de mirarla. Su actitud distante y fría le resultaba extraña.

Algo tan importante como la hospitalización de Cecilia, y ella parecía más tranquila que él.

Al bajar la vista, notó que en la muñeca de ella había una pulsera.

Si no recordaba mal, esa era la pulsera por la que Tobías había pagado una fortuna en la subasta.

Pero no tuvo tiempo de pensar más en ello, porque en ese momento entró una llamada de Frida.

Fabián contestó y, al otro lado de la línea, la voz preocupada de Frida preguntó:

—Fabián, ¿cómo está Cecilia?

—Ya está bien. No hace falta que vengas. Cuando termine con el suero, la llevaré a casa.

Frida se tranquilizó y añadió:

—Entonces Camila y yo prepararemos la cena para que, cuando lleguen, ya esté todo listo.

—De acuerdo —respondió Fabián. Al levantar la vista, se dio cuenta de que Belén también lo estaba mirando.

Cuando colgó, escuchó a Belén decir:

—Yo ya me voy.

Fabián se quedó atónito.

—¿No vas a entrar a ver a Cecilia?

—Tengo cosas que hacer, así que no voy a entrar. Quédate tú con ella —dijo Belén.

Dicho esto, se dio la vuelta y caminó hacia la salida del hospital.

Pero después de un par de pasos, se detuvo.

Fabián la vio detenerse y la miró con extrañeza.

Belén regresó a donde estaba él. Bajó la vista y lo miró fijamente.

Al final, su corazón se ablandó y compró un kilo.

Cuando regresó al hospital, Fabián ya no estaba sentado en el pasillo.

Belén se acercó a la puerta de la habitación y, justo cuando iba a tocar, escuchó la voz débil de Cecilia desde adentro.

—Papá, ¿no dijiste que si me portaba bien me ibas a cumplir un deseo?

Fabián estaba sentado en la cama, con su hija recargada en él.

Recordando su promesa, sonrió.

—Sí, puedes pedir tu deseo ahora.

Cecilia levantó su cabecita para mirarlo y, parpadeando con sus grandes ojos redondos, dijo:

—Papá, quiero decirle «mamá» a la señorita Frida.

Fuera de la habitación, al escuchar la petición de su hija, la bolsa con las mandarinas se le resbaló de las manos y las frutas rodaron por todas partes.

En ese instante, sintió como si una cuchilla le atravesara el corazón.

Se llevó una mano al pecho mientras las lágrimas caían sin control por sus mejillas.

Aunque ya sabía que Cecilia prefería a Frida, después de todo, era la hija que había llevado en su vientiente por diez meses, por la que casi muere de una embolia de líquido amniótico, la niña que había criado con tanto esmero durante cuatro años.

***

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida