Eva no dijo nada más y volvió a bajar la cabeza.
En el segundo piso, Belén había escuchado todo lo que ocurría abajo.
Pensó que tal vez debía buscar a Hugo para aclarar las cosas.
Se quedó en casa todo el día, dándole vueltas a cómo decirle lo que tenía que decirle.
Incluso hizo un borrador en una libreta.
Sin darse cuenta, se le fue el día.
Al atardecer, empezó a nevar otra vez.
Apenas pasaban de las cinco, pero el cielo ya estaba oscuro.
La empleada subió a avisarle:
—Señorita, la señora dice que baje a cenar.
En la mansión Soler solo tenían una empleada doméstica.
Belén tomó sus muletas y salió lentamente de la habitación.
—Está bien, ya bajo.
—¿Le traigo la silla de ruedas? —preguntó la empleada.
Belén sonrió y respondió suavemente:
—Gracias, así estoy bien.
Al llegar abajo, vio entrar por la puerta principal una figura alta y erguida. Era Tobías.
No le sorprendió verlo.
En los últimos dos días, aparecía constantemente en la mansión Soler y entraba con total naturalidad.
Como si ya fuera parte de la familia.
Al ver a Belén con las muletas, Tobías se acercó de inmediato:
—¿Por qué no usas la silla?
Mientras hablaba, la sostuvo del brazo.
Belén alzó la vista para mirarlo y explicó:
—Me incomoda estar sentada tanto tiempo, quería caminar un poco.
Tobías no quiso regañarla, así que la ayudó a sentarse a la mesa.
Una vez sentada, él fue a la cocina a ayudar a Eva a servir la cena.
Leandro estaba ocupado con el trabajo y no había llegado a cenar.
—Lo sabrás cuando lleguemos.
Al verlo tan misterioso, a Belén le ganó la curiosidad.
Así que salió con él de la mansión Soler.
La nieve estaba alta, así que Tobías la cargó hasta el asiento del copiloto y le abrochó el cinturón de seguridad.
El coche, con cadenas en las llantas, circuló durante unos veinte minutos hasta llegar a su destino: una cafetería con reservados privados.
Tobías empujó la silla de ruedas de Belén hacia el interior y se detuvo frente a una cortina. Al apartarla, Belén vio que quien estaba sentado en el reservado era Esteban.
Se quedó pasmada un momento, hasta que escuchó a Esteban decir:
—Señorita Belén, pase, por favor. Quiero conocer los detalles de su matrimonio con Fabián. Mientras más específica sea, mejor entenderé su situación conyugal y más fácil será pelear el divorcio.
¿El juicio de divorcio?
Belén se quedó rígida, tardando en asimilarlo.
Al principio, había querido una separación amistosa, pero no imaginó que llegarían a este punto.
Del amor adictivo del inicio, al odio y rencor de ahora...
Al final, estaban destinados a ser enemigos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....