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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 840

Eva no dijo nada más y volvió a bajar la cabeza.

En el segundo piso, Belén había escuchado todo lo que ocurría abajo.

Pensó que tal vez debía buscar a Hugo para aclarar las cosas.

Se quedó en casa todo el día, dándole vueltas a cómo decirle lo que tenía que decirle.

Incluso hizo un borrador en una libreta.

Sin darse cuenta, se le fue el día.

Al atardecer, empezó a nevar otra vez.

Apenas pasaban de las cinco, pero el cielo ya estaba oscuro.

La empleada subió a avisarle:

—Señorita, la señora dice que baje a cenar.

En la mansión Soler solo tenían una empleada doméstica.

Belén tomó sus muletas y salió lentamente de la habitación.

—Está bien, ya bajo.

—¿Le traigo la silla de ruedas? —preguntó la empleada.

Belén sonrió y respondió suavemente:

—Gracias, así estoy bien.

Al llegar abajo, vio entrar por la puerta principal una figura alta y erguida. Era Tobías.

No le sorprendió verlo.

En los últimos dos días, aparecía constantemente en la mansión Soler y entraba con total naturalidad.

Como si ya fuera parte de la familia.

Al ver a Belén con las muletas, Tobías se acercó de inmediato:

—¿Por qué no usas la silla?

Mientras hablaba, la sostuvo del brazo.

Belén alzó la vista para mirarlo y explicó:

—Me incomoda estar sentada tanto tiempo, quería caminar un poco.

Tobías no quiso regañarla, así que la ayudó a sentarse a la mesa.

Una vez sentada, él fue a la cocina a ayudar a Eva a servir la cena.

Leandro estaba ocupado con el trabajo y no había llegado a cenar.

—Lo sabrás cuando lleguemos.

Al verlo tan misterioso, a Belén le ganó la curiosidad.

Así que salió con él de la mansión Soler.

La nieve estaba alta, así que Tobías la cargó hasta el asiento del copiloto y le abrochó el cinturón de seguridad.

El coche, con cadenas en las llantas, circuló durante unos veinte minutos hasta llegar a su destino: una cafetería con reservados privados.

Tobías empujó la silla de ruedas de Belén hacia el interior y se detuvo frente a una cortina. Al apartarla, Belén vio que quien estaba sentado en el reservado era Esteban.

Se quedó pasmada un momento, hasta que escuchó a Esteban decir:

—Señorita Belén, pase, por favor. Quiero conocer los detalles de su matrimonio con Fabián. Mientras más específica sea, mejor entenderé su situación conyugal y más fácil será pelear el divorcio.

¿El juicio de divorcio?

Belén se quedó rígida, tardando en asimilarlo.

Al principio, había querido una separación amistosa, pero no imaginó que llegarían a este punto.

Del amor adictivo del inicio, al odio y rencor de ahora...

Al final, estaban destinados a ser enemigos.

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