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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 885

Acostada en la cama, Belén daba vueltas sin poder conciliar el sueño.

Se obligaba a no pensar demasiado, pero a los pocos segundos volvía a pensar en Tobías.

Después de repetirse ese ciclo muchas veces, Belén logró dormirse a duras penas.

Pero apenas llevaba un rato dormida cuando el timbre de su celular sonó abruptamente en medio de la oscuridad.

Abrió los ojos, desorientada al principio, hasta que reaccionó y se dio cuenta de que alguien la llamaba.

Había esperado la llamada de Tobías tantas veces sin éxito que, en esta ocasión, no tenía ninguna expectativa; pensó que sería una llamada cualquiera.

—¿Bueno? —su voz sonaba perezosa, relajada e incluso un poco ronca.

Entonces, escuchó la suave voz de Tobías preguntando al oído:

—¿Dormida?

Belén se tapó la boca y las lágrimas se le agolparon en los ojos al instante. Se obligó a no llorar y respondió con un tono neutro:

—Ajá.

Al escucharla, Tobías dijo:

—¿Entonces descansa bien?

No era una afirmación, sino una pregunta.

Aun así, Belén sintió el miedo irracional de que él colgara de inmediato.

Así que, con cierta ansiedad, lo llamó por su nombre:

—Tobías.

La voz intrigada de Tobías respondió:

—¿Mande?

Belén titubeó un par de veces antes de preguntar:

—¿Ya terminaste tus pendientes?

Tobías soltó una risa y dijo:

—Ya casi.

No sonaba burlón, su tono era serio.

Belén no se sentía tranquila, así que tanteó el terreno preguntando:

—¿Cuándo podrás llevarme a ver a la abuela otra vez?

Tobías dudó un momento y luego le dio una respuesta:

—En Año Nuevo.

Faltaba poco para Navidad, así que al escuchar la respuesta de Tobías, Belén se sintió mucho más tranquila.

—Está bien.

La voz de Tobías volvió a sonar:

—Duérmete ya.

Belén volvió a preguntar con cautela:

—¿Cuelgo entonces?

Justo cuando iba a apartar el celular de su oído, la voz de Tobías la detuvo:

—Belén, no cuelgues todavía.

El corazón de Belén dio un vuelco:

Miró los mensajes un largo rato y luego escribió en el chat: «Faltan dos días para la audiencia del divorcio, ¿me vas a acompañar?».

Envió el mensaje, pero Tobías no respondió en todo el día.

Belén esperó varias horas, pero no hubo respuesta.

Incluso llegó a pensar: «¿Será que no quiere acompañarme a la audiencia?».

Esa sensación de darle vueltas a todo le resultaba demasiado familiar.

Así le pasaba con Fabián al principio.

¿Será que realmente se había enamorado de Tobías?

Odiaba sentirse así, paranoica, pero no podía evitarlo.

Por suerte, por la tarde recibió una llamada de Alejandra:

—Belén, acompáñame a una cena de gala en la noche, ¿sí?

Belén respondió:

—Va, está bien.

Alejandra preguntó:

—¿Quieres que mande una maquillista a tu casa?

Belén rechazó la oferta:

—Mi cuñada está aquí, le pediré a ella que me arregle.

Alejandra se rio y dijo:

—Dale las gracias de mi parte.

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