Belén se quedó paralizada frente a la cortina, perdida en sus pensamientos y recuerdos.
Tobías, al ver que no se movía, la llamó en voz baja:
—¿Belén?
Ella volvió en sí y forzó una sonrisa.
—Sí, vamos.
Al ver que reaccionaba, Tobías empujó la silla hacia dentro.
Una vez instalados, Tobías les sirvió un vaso de agua tibia a Belén y a Esteban.
Esa noche, él solo estaba allí de acompañante.
Esteban, muy profesional, tenía el bolígrafo sobre su libreta, pero mantenía la mirada fija en Belén.
—Señorita Belén, ¿cuántos años lleva casada con el señor Fabián?
—Cinco años.
—Después de casarse, ¿fueron felices?
—Él casi no iba a casa.
—¿Tiene alguna otra mujer fuera del matrimonio?
—Sí.
—¿Tiene pruebas?
—Sí.
—¿Cómo es su relación afectiva?
—Mala.
—¿Mantienen vida sexual?
Belén se quedó helada y miró a Esteban con duda.
Al notar su mirada, Esteban mantuvo su expresión impasible y dijo:
—Señorita Belén, soy abogado. En cualquier juicio de divorcio, estas son preguntas básicas.
Belén tragó saliva y respondió:
—En los últimos meses, no.
—¿Cuántos hijos tienen?
—Una.
—¿Él aporta dinero para sus gastos?
—Da dinero para la niña.
—¿La ha golpeado alguna vez?
—No.
Esteban preguntaba con minuciosidad y Belén respondía con el mismo detalle.
Incluso preguntas sobre cómo se casaron o la frecuencia de sus relaciones íntimas fueron contestadas.
Cuando tuvo suficiente información, Esteban cerró la libreta y tapó el bolígrafo. Miró a Belén y dijo:
—¿Confirma que todo lo anterior es verdad?
Belén respondió sin dudar:
—Es la verdad.
Esteban giró la cabeza para mirar a Tobías, hablando como si se dirigiera a él y a Belén al mismo tiempo.
—Presenten la demanda de divorcio. Es la vía más directa.
Esteban bebió un sorbo de agua y dijo:
—Esperaremos las buenas noticias entonces.
Tobías se levantó y se inclinó para mover la silla de Belén, diciéndole a Esteban:
—Gracias. La llevaré a casa. Luego te invito unos tragos.
Esteban dejó el vaso, miró a Tobías y respondió:
—No hace falta que me invites a beber. Con que me ayudes a recoger a Fabio un par de veces más, me doy por pagado.
Al terminar, Esteban añadió rápidamente:
—Por cierto, dile a Rosa de mi parte que trate mejor a Fabio.
Tobías soltó una carcajada.
—Ser mandilón se aprende desde chiquito.
Al ver su sonrisa burlona, Esteban resopló:
—Tobías, tú...
Tobías lo interrumpió:
—Fabio es igualito a ti, no va a cambiar. Déjalo ser.
Esteban le lanzó una mirada fulminante a Tobías, pero no dijo nada más.
Belén miró a Esteban e intervino:
—Licenciado Esteban, Rosa es solo un poco traviesa, en el fondo no tiene malas intenciones. Pero le pasaré su recado.
Esteban miró a Belén y agradeció:
—Gracias de antemano, señorita Belén.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....