Después de la primera cerveza, los ojos de Belén se enrojecieron.
—Me voy a divorciar —le dijo a Alejandra.
Alejandra le abrió otra cerveza y se la pasó.
—¡Qué bueno! Es lo mejor que puedes hacer. A mandar al diablo a ese infeliz y a disfrutar la vida.
Belén soltó una risa amarga.
—Pero aun así me siento un poco triste.
Alejandra chocó su botella con la de ella y sonrió con indiferencia.
—Ya es un avance. La tú de antes ya estaría hecha un mar de lágrimas.
Al escucharla, Belén se rio.
—Tienes razón. Es como si me hubiera mordido un perro, ni modo. De ahora en adelante, solo voy a pensar en mí.
Alejandra se terminó su cerveza de un trago. Belén, al verla beber con tanta intensidad, le preguntó con preocupación:
—¿Y qué hay de Ismael? ¿Te ha buscado?
Alejandra se encogió de hombros con desinterés.
—No. Seguramente piensa que voy a volver arrastrándome como un perro, pero ¿sabes qué, Belén? Ya lo entendí todo.
Belén se sintió aliviada, y su ánimo también mejoró.
Bebieron mucha cerveza y hablaron durante horas.
Después de varias rondas, Alejandra se levantó a buscar el celular de Belén. Cuando lo encontró, se lo entregó.
—Anda, llámale a Fabián ahora mismo. Dile que te vas a divorciar, que ya no lo quieres.
Belén negó con la cabeza.
—Mejor mañana, se lo digo en persona.
Pero Alejandra insistió.
—¡No, ahora! Y con un tono firme. Dile que ya no lo quieres.
Belén sabía que a Alejandra se le había subido el alcohol, pero pensándolo bien, no rechazó la idea.
Tomó el celular y le marcó a Fabián.
El teléfono sonó dos veces antes de que contestaran, pero la voz que se escuchó fue la de Frida.
—¿Quién habla?
Belén se quedó helada por un segundo al escuchar la voz de Frida, pero aun así preguntó:
Al día siguiente, Belén se obligó a ir a trabajar al hospital.
Por la tarde, después de terminar sus pendientes, planeó ir a la Mansión Armonía por la noche para hablar en persona con Fabián sobre el divorcio.
Esa noche, cuando regresó a la Mansión Armonía, en la sala no estaban ni Cecilia, ni Fabián, ni Frida. Solo Helena y Camila.
Al ver a Belén, Camila la llamó de inmediato:
—¿Señora?
Pero la expresión en su rostro era una mezcla de sorpresa e inquietud.
Helena nunca había visto a Belén, pero al escuchar que Camila la llamaba «señora», supo que era la esposa de Fabián, de la que aún no se había divorciado.
—Camila, se me antojó una sopa de fideos, prepárame una —ordenó Helena sin la menor cortesía.
—Está bien —respondió Camila a regañadientes. Fabián le había encargado que cuidara bien de Helena.
Belén le echó un vistazo a Helena y supo de inmediato que no era trigo limpio. La forma en que la miraba era venenosa.
En cuanto Camila entró en la cocina, Helena abandonó su fachada de amabilidad.
—¿«Señora»? ¿Qué señora ni qué nada? ¿Por qué no te largas de una vez y dejas de estorbar?
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....