Pero en ese caso, la situación sería diferente.
Al final, Belén cedió. Acordaron una hora y un lugar para encontrarse.
A las doce del mediodía, en una cafetería.
Cuando Belén llegó, Fabián ya se había terminado una taza de café.
Tras sentarse, Fabián fue directo al grano:
—El abuelo sigue en el hospital. Sea como sea, debemos mantener las apariencias por ahora, e incluso actuar de forma cariñosa de vez en cuando. Eso ayudará a su recuperación. Cuando mejore, iremos al registro civil a dar el siguiente paso.
Belén respondió:
—Puedo mantener las apariencias por la salud del abuelo, y puedo fingir que todo está bien contigo. Pero, por lo menos, podemos ir ya al registro civil para iniciar el periodo de reflexión para el divorcio. Para cuando termine, el abuelo seguramente ya se habrá recuperado.
Fabián no dijo nada, solo la miró con una expresión compleja.
Al ver que la observaba, Belén añadió después de unos segundos:
—Aunque nos divorciemos, seguiré cuidando del abuelo.
Fabián preguntó entonces:
—¿Y el segundo hijo?
Belén se negó rotundamente.
—Es imposible que tenga otro hijo.
Fabián frunció el ceño.
—Si finges un embarazo, tarde o temprano se descubrirá la verdad.
—Fabián, puedes tener un hijo con otra persona, ¿por qué tengo que ser yo?
Belén ya estaba cansada de repetir lo mismo.
Fabián, al ver su terquedad, dijo un poco molesto:
—Belén, ¿cómo podría tener un hijo con otra persona?
Belén lo miró directamente a los ojos, sin tapujos.
—¿Y por qué no?
Frida ya vivía en la Mansión Armonía y Cecilia la consideraba su verdadera madre.
¿Qué les impedía tener otro hijo?
Fabián miró a Belén. Nunca la había visto así.
En su memoria, ella siempre le hacía caso en todo.
A diferencia de otras parejas que se casaban, llenas de ilusión, ellos parecían de dos mundos distintos; incluso al estar juntos, se veían incómodos.
A duras penas lograron tomarse las fotos y luego fueron al registro civil a solicitar una copia del acta.
En cuanto tuvo el acta en la mano, Belén solicitó el divorcio de inmediato.
Un funcionario les pidió que llenaran unos formularios. Belén lo hizo con rapidez.
Mientras Fabián llenaba el suyo, levantó la vista y la miró. Vio en su rostro una impaciencia evidente.
Una vez llenados los formularios, el funcionario les explicó los detalles, diciéndoles que a partir de ese día comenzaba un periodo de reflexión de un mes, tras el cual podrían obtener el certificado de divorcio, pero que durante ese tiempo, cualquiera de las partes podía retirar la solicitud.
Al salir del registro civil, Belén miró el comprobante de la solicitud de divorcio que tenía en la mano y sintió que por fin se quitaba un peso de encima.
Fabián, al ver su expresión de alivio, sintió algo indescriptible.
Solo le dijo:
—Por la noche vendré a recogerte al hospital. Al abuelo le dará mucho gusto vernos llegar juntos a visitarlo.
Belén aceptó.
—De acuerdo.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....