Soplaba una brisa nocturna en el jardín, donde solo estaban ellos dos.
Belén escuchó la pregunta de Tobías, le sostuvo la mirada y, con la voz repentinamente ronca, respondió:
—Es que me da coraje por mí misma.
Había desperdiciado años de su juventud para finalmente darse cuenta de cómo era un hombre.
El invierno ya había comenzado, y Belén, con su vestido de noche, sentía el cuerpo entumecido por el frío.
La respuesta de ella le estrujó el corazón a Tobías.
Dio un paso adelante, se quitó el saco, que aún conservaba el calor de su cuerpo, y se lo puso sobre los hombros. Luego, la rodeó con sus brazos.
La abrazó con fuerza, como si quisiera fundirla con él, hundirla en sus huesos. Apoyó la cara en el hueco de su cuello y, con un tono casi suplicante, le dijo:
—¿Podrías dejar de sufrir por él?
En el instante en que el saco la cubrió, Belén se sintió envuelta por el calor de Tobías.
Su cuerpo, su ropa, todo estaba cálido.
No lo apartó. Al contrario, se acurrucó un poco más, anhelando ese calor.
En toda su vida, aparte de su familia, nunca había sentido una calidez así.
De repente, no quiso apartarse.
Tobías sintió que ella se acercaba y, por instinto, la abrazó con más fuerza.
El rostro de Belén se alzó dentro de su abrazo.
—De acuerdo —le prometió.
Al escuchar su respuesta, una corriente eléctrica recorrió a Tobías. Su cuerpo tembló. Luego, la apartó suavemente, la miró con incredulidad y preguntó:
—¿De verdad? ¿Me lo prometes?
Belén asintió.
—Sí, te lo prometo.
Su maquillaje de esa noche era ligero y natural, resaltando sus rasgos definidos y hermosos. Las pestañas de sus ojos revoloteaban, agitando el corazón de Tobías con cada parpadeo.
El vestido de noche negro, en contraste con su piel blanca, la hacía lucir más esbelta, más deslumbrante.
Tobías la miró, de pie bajo el cielo nocturno, y su corazón se aceleró.
Sabía perfectamente que ella aún no estaba divorciada y que él no debía cruzar la línea, pero su cuerpo actuó más rápido que su mente.
La tomó por la cintura, inclinó lentamente la cabeza y acercó sus labios a los de ella.
—No puedo pensar solo en mí, tengo que respetarte.
Al escuchar sus palabras, Belén se sintió confundida.
—¿Por qué eres tan bueno conmigo?
Tobías levantó la vista al cielo. Unos segundos después, bajó la mirada, la fijó en Belén y dijo con seriedad:
—Si aceptas ser mi amante, te diré por qué.
Al oírlo, Belén frunció el ceño y bufó.
—Tobías, no has bebido tanto, ¿cómo puedes decir esas locuras?
Belén no le había dado ninguna importancia a las palabras que Tobías había dicho la última vez en su habitación.
Estaba completamente borracho, así que supuso que la mayoría de lo que dijo no era cierto.
Tobías se giró, se inclinó, tomó la mano de Belén y la colocó sobre su abdomen. Sin apartar la vista de su rostro ni un segundo, dijo:
—No estoy diciendo locuras. Siéntelo tú misma. Puedo darte una experiencia diferente. Te garantizo que, después de probarme, no volverás a pensar en Fabián.
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....