Al escuchar las palabras de Fabián, los ojos de Cecilia se llenaron de lágrimas al instante.
—Pero, papá, ¿cuánto tiempo se va a quedar el bisabuelo?
Fabián lo pensó un momento antes de responder.
—No estoy seguro. Tal vez una semana, tal vez un mes… o quizás un año.
A juzgar por la actitud del anciano, parecía que su intención era quedarse en casa de Fabián hasta el final de sus días.
Cecilia no culpaba a su bisabuelo, pero preguntó con angustia:
—Pero, papá, si extraño a la señorita Frida, ¿qué voy a hacer?
La pregunta tomó por sorpresa a Fabián, pero aun así le aseguró:
—No te preocupes, papá encontrará una solución.
Aunque Fabián todavía no había hecho nada, su promesa fue suficiente para que Cecilia se sintiera feliz de nuevo.
El abuelo ya se había ido a descansar y Fabián estaba arriba con Cecilia. Belén se quedó sola en el recibidor de la planta baja, sintiéndose completamente fuera de lugar.
Finalmente, subió al segundo piso.
Con una familiaridad mecánica, abrió la puerta de la habitación que una vez compartió con Fabián.
Al encender la luz, la envolvieron tonalidades claras y suaves.
La ropa de cama era de un lila pálido, el clóset era blanco puro, al igual que el tocador… Todo a la vista tenía colores tenues.
De pie en medio de la habitación, Belén sintió una extraña sensación de ajenidad.
La distribución del cuarto era la misma de siempre, pero todo lo demás había sido reemplazado.
En su tiempo, para complacer a Fabián, Belén había elegido todo en tonos de negro, blanco y gris.
Pero ahora, Frida parecía tener total libertad para decorar a su gusto.
La presencia de Frida estaba por todas partes.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....