—Frida, acércate, tengo algo que decirte —susurró Fabián.
Frida, obediente, inclinó la cabeza.
Pero apenas lo hizo, Fabián levantó la suya de golpe y le dio un beso.
Ella se cubrió la boca con la mano, el rostro encendido de rubor.
—Fabián, tú…
Él soltó una carcajada, una risa genuina y alegre.
Belén, al ver la escena, sacó rápidamente su celular y tomó un par de fotos furtivas.
Abrió la conversación de mensajes con el abuelo y adjuntó las imágenes comprometedoras.
Estuvo a punto de presionar «enviar», pero una voz en su interior le advirtió que no lo hiciera.
Si enviaba esas fotos y al abuelo le daba algo, ella cargaría con la responsabilidad.
La razón se impuso.
Comprendiendo que su presencia allí sobraba, Belén se fue del restaurante.
Se quedó sentada en su coche un buen rato antes de decidir ir a casa de Alejandra.
No quería volver a la Mansión Armonía, y mucho menos llegar a la casona de los Soler con ese ánimo.
Alejandra era su único refugio.
Apenas entró a su departamento, el teléfono sonó. Era el abuelo.
Belén no dudó en contestar.
—Abuelo.
—¿Ya recogiste a Fabián? —preguntó él, preocupado.
Para evitar problemas, Belén mintió.
—Sí, ya está conmigo.
—¿Y en cuánto tiempo llegan? —insistió el anciano.
Belén lo pensó un momento.
—Abuelo, Fabián y yo no vamos a dormir en la Mansión Armonía esta noche.
Al escucharla, el abuelo soltó una risita.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....