Antes de que Cintia pudiera reaccionar, la expresión de Tobías se volvió glacial. Su mano se movió con precisión y presionó la herida de su mejilla.
Aumentó la presión poco a poco, hasta que finalmente apretó con todas sus fuerzas.
La fuerza fue tal que todo su cuerpo se tensó.
En ese instante, un grito de dolor agudo salió de la garganta de Cintia. Empezó a retorcerse, intentando liberarse.
Con su otra mano, Tobías la inmovilizó fácilmente por los hombros, sin dejar de presionar la herida.
El rostro de Cintia se contrajo de dolor, y las lágrimas rodaron por sus mejillas.
Tobías no mostró ni una pizca de compasión. Solo cuando vio que la sangre volvía a manchar las gasas, le preguntó con una voz gélida y profunda:
—Ahora contéstame, ¿te duele?
El cuerpo de Cintia se convulsionaba de dolor, pero no podía escapar de su agarre.
—¡Duele! ¡Sí, duele! —respondió con la voz temblorosa, entre sollozos.
Su cara estaba cubierta de sudor, sangre y lágrimas. Miró a Tobías con los ojos llenos de terror.
Él se inclinó sobre ella. Su rostro, distorsionado por la ira, mostraba las venas marcadas en su frente. Su voz era como un eco helado que invadía el cuerpo de Cintia.
—Pues a mí el corazón me duele más de lo que a ti te duele la cara.
—¿Qué es lo que quieres? —preguntó ella, con la mirada llena de pánico.
Tobías soltó la herida y dejó escapar un largo suspiro.
—No quiero nada. Solo quiero que mi corazón deje de doler tanto.
La imagen de Belén, cubierta de heridas en la cama del hospital, era como una cuchillada en su pecho.
La única forma de aliviar su dolor era hacer que Cintia sufriera mil, diez mil veces más. Solo así encontraría un poco de paz.
Dicho esto, volvió a presionar la herida con fuerza.
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....