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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 530

Después de dejar el vaso, miró a Belén con terror y preguntó:

—Belén, ¿por qué no sentí el sabor de la pastilla? ¿Estás segura de que me la tragué? ¿Crees que deberías comprarme otra?

Belén sabía lo que le preocupaba a Alejandra. Intentando mantener la calma, le apretó la mano y le explicó:

—Alejandra, te la tomaste, no te preocupes. Confía en mí, ya no pasará nada.

Solo entonces Alejandra comenzó a calmarse lentamente. Asintió y dijo:

—De acuerdo.

En ese momento, alguien llamó a la puerta. La voz de Tobías se escuchó desde afuera:

—Belén, ha llegado Esteban.

—De acuerdo, ya lo sé —respondió Belén.

Luego, miró a Alejandra con preocupación.

—¿Quieres salir a ver al abogado Esteban?

Alejandra dudó un momento, pero luego reunió el valor y dijo:

—Sí, veámoslo.

Belén le puso un abrigo sobre los hombros y la ayudó a salir de la habitación.

Esteban Pérez ya estaba sentado en el sofá. Mateo le estaba sirviendo un vaso de agua mientras Tobías le explicaba algo en voz baja.

Al oír abrirse la puerta, Tobías se calló.

Cuando Belén llevó a Alejandra a la zona del sofá, Tobías y Mateo se apartaron discretamente.

Belén también tenía la intención de retirarse para que Alejandra pudiera hablar a solas con Esteban, pero Alejandra le apretó la mano con fuerza, pidiéndole que no se fuera.

Así que Belén se quedó.

Esteban comenzó a preguntar sobre los detalles de lo sucedido. Alejandra, tras unos segundos de vacilación, empezó a relatarlo lentamente.

Ese día, se había arreglado para una cita. Pero justo al salir del elevador, Ismael le bloqueó el paso.

Alejandra gritó pidiendo ayuda, pero Ismael la empujó de nuevo al elevador.

Así, el elevador subió de nuevo hasta el piso de Alejandra.

Antes, sus ojos rebosaban de amor y admiración por Ismael. Incluso después de sus múltiples infidelidades, siempre lo había perdonado.

Pero ahora estaba cansada, agotada. No quería tener nada más que ver con él.

Sin embargo, sus palabras, lejos de disuadir a Ismael, tuvieron el efecto contrario y lo enfurecieron aún más.

La mirada de Ismael se ensombreció. La agarró de la mano, la atrajo hacia él y la besó en los labios.

La mordía, la lamía, la devoraba…

No la soltaba.

Alejandra lo golpeaba, lo empujaba, lloraba y suplicaba.

Pero Ismael no mostró ni piedad ni compasión. La arrojó sobre el sofá y la forzó.

Y lo hizo dos veces.

Si no hubiera sido por la llegada de Mateo, probablemente habría habido una tercera, una cuarta vez…

Al recordar esos detalles, Alejandra se sintió asfixiada, angustiada, con el corazón desbocado…

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