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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 567

Una vez que el perro se alejó por completo, Belén relajó la tensión de su cuerpo.

Se irguió lentamente y se giró para ver a Fabián y a Cecilia.

Al notar que Fabián la miraba con una sonrisa, se dio cuenta tardíamente del significado de su gesto.

Pero luego pensó: «¿Desde cuándo a Fabián le importan mis pensamientos?».

Sin embargo, antes de que pudiera desechar por completo esa idea, Fabián soltó una risa suave.

—Ves, en el fondo todavía te importamos.

Belén, sin inmutarse, se colgó el bolso al hombro, levantó la vista hacia Fabián y dijo:

—En una situación así, habría ayudado a cualquiera.

Fabián, con un tono de absoluta certeza, replicó:

—Pero, de todas formas, tu reacción instintiva no miente. Todavía te importo, y también te importa Cecilia.

A Belén, las palabras de Fabián le parecieron ridículas.

¿Cómo es que nunca antes se había dado cuenta de lo egocéntrico que era?

No quería discutir sobre eso, así que, para cambiar de tema, le recordó con un deje de sarcasmo:

—Si no nos damos prisa, a la señorita Frida se le va a gangrenar la pierna, ¿no crees?

Apenas terminó de hablar, antes de que Fabián pudiera preocuparse, fue Cecilia quien se alarmó.

Levantó la cara, tocó la barba de Fabián y dijo con inquietud:

—Papá, vamos rápido a ver a la señorita Frida.

Fabián bajó la vista, frotó su barba contra la manita de Cecilia y, con una sonrisa, respondió:

—Claro, mi niña, ahora mismo te llevo.

Dicho esto, Fabián, con Cecilia en brazos, se dirigió hacia el carro.

Pero en ese momento, Belén le habló a su espalda:

—Fabián, vayan ustedes. Yo ya no quiero ir.

Realmente no tenía ganas de ir.

Los pasos de Fabián se detuvieron. Se giró para mirarla y, en voz baja, le dijo:

—Pero ya habías aceptado venir conmigo.

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