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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 570

Sin embargo, en ese momento, no parecía importarle en lo más mínimo.

Belén no pudo evitar pensar que, aunque Fabián no amara a Frida, al menos para él ella era alguien único y especial.

Al pasar junto a Belén con Frida en brazos, Fabián se detuvo. La miró y le dijo en voz baja:

—Toma a Cecilia de la mano.

Antes de que Belén pudiera responder, Cecilia se adelantó y dijo:

—No es necesario, me sujetaré del saco de papá.

Dicho esto, se acercó y se agarró del borde de la ropa de Fabián.

Al ver esto, Fabián no dijo nada más y la dejó.

Belén se quedó a un lado, sintiendo un frío glacial en su interior.

Aunque ya debería estar acostumbrada, su corazón aún sentía la punzada del dolor.

Con una sonrisa amarga, los siguió.

Fabián colocó a Frida en el asiento del copiloto y, con cuidado, le abrochó el cinturón de seguridad.

Justo cuando iba a enderezarse, Frida lo sujetó de la mano. Con el ceño fruncido y una expresión de dolor, le dijo:

—Fabián, tengo miedo.

La voz de Frida era tan suave y melodiosa que cautivaba a cualquiera que la escuchara.

Fabián se detuvo un momento. La miró, le acarició la cabeza y le dijo en voz baja:

—Tranquila, no es nada grave.

Pero las lágrimas de Frida brotaron con más fuerza.

—¿Y si quedo lisiada? —sollozó.

Fabián le tapó los labios con la mano.

—No te preocupes, eso no pasará.

Frida, sonrojada, lo miró y le preguntó:

—Si de verdad quedara lisiada, tú…

Fabián no la dejó terminar.

—Si eso llegara a pasar, me haría responsable de ti por el resto de tu vida.

En ese instante, el corazón de Frida se calmó.

Sus ojos, al mirar a Fabián, brillaron con una luz renovada.

Fabián llevó a Frida a urgencias. Siguiendo las indicaciones del médico, le hicieron una radiografía, que confirmó una fractura.

—Hay que ponerle un yeso —le dijo el médico a Fabián—. Una vez que el hueso sane, no habrá ningún problema.

Fabián, por supuesto, aceptó el tratamiento propuesto por el médico.

Mientras le ponían el yeso, Belén esperaba sentada en una banca fuera del consultorio, entretenida con su celular.

Fabián y Cecilia estaban adentro, acompañando a Frida.

Frida se quejaba de dolor, y Belén podía oír la voz de Fabián consolándola. Levantó la vista y, a través de la puerta entreabierta, vio a Fabián de pie frente a Frida, mientras ella hundía el rostro en su abdomen.

Al volver la vista a su celular, vio un mensaje de Eva en la pantalla.

[¿Estás bien?]

[Sí, estoy bien] —respondió Belén de inmediato.

Luego, escribió:

[¿Y Tobías? ¿Ya se fue?]

La respuesta de Eva llegó enseguida:

[Sí, ya se fue. Pero antes de irse, tiró la tarjeta que me dio Fabián y me dio otra, una tarjeta sin límite. Dijo que la contraseña es el día en que se conocieron.]

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