Fabián estaba que ardía por dentro, pero ya no era el de antes; ahora podía reprimir su ira.
Tras un momento, le explicó a Belén:
—Ya le pedí a Leonel que preparara el acuerdo, pero esas cosas llevan tiempo. En cuanto esté listo, lo firmamos de inmediato.
Belén tomó su celular y le dijo:
—Entonces, primero dame tu palabra. Una promesa verbal también tiene validez legal.
Al oírla, Fabián se quedó paralizado.
Nunca había visto a Belén ser tan quisquillosa.
Pero al ver que ella no pensaba salir con él si no lo hacía, terminó por ceder.
Tomó el celular y grabó su promesa en un mensaje de voz.
Cuando terminó, Belén le pidió que añadiera también un mensaje de texto.
Solo después de todo eso, Belén dijo:
—Bueno, vámonos.
Se levantó y se dirigió hacia la puerta de la habitación.
Al verla así, Fabián la detuvo de repente.
—Belén, tú…
Titubeó, como si le diera pena decirlo claramente.
Belén intuyó lo que quería decir y le preguntó para confirmar:
—¿Quieres que me maquille?
Iba vestida con sencillez: un conjunto deportivo, tenis y el cabello recogido en una coleta informal.
Aunque su rostro al natural no se veía mal, iban a una cena y presentarse así podría dar una mala impresión.
Fabián la miró y asintió.
—Al menos ponte un poco de base para que te veas más fresca.
Al oírlo, Belén soltó una risa fría y casi imperceptible antes de responder:
—Está bien.
No se negó, sino que aceptó la sugerencia de Fabián directamente.
Antes no se había dado cuenta de lo mucho que a él le importaban las apariencias.
«Aunque, pensándolo bien, ¿qué hombre no quiere que su mujer luzca hermosa cuando salen?», pensó.
Como Frida. Ella era tan deslumbrante, tan radiante, siempre perfecta sin importar la hora o el lugar.
Guiados por un mesero, llegaron rápidamente al salón privado que Lucas había reservado.
Fabián caminaba delante y Belén lo seguía.
Cuando la puerta se abrió, todos vieron primero a Fabián y se pusieron de pie para saludarlo.
—Fabián.
—Señor Fabián.
—Fabián.
Los saludos eran variados.
Después de que el grupo terminó de saludar, Fabián sonrió levemente, asintió y dijo:
—Siéntense, por favor.
Al hablar, se hizo a un lado, revelando la pequeña figura de Belén detrás de él.
Lucas estaba sentado en la cabecera de la mesa, con Edgar a su lado. Los demás estaban distribuidos alrededor.
Todos miraron detrás de Fabián. Lucas abrió los ojos como platos, observando a Belén con incredulidad. En cuanto a Edgar, su rostro se ensombreció en el instante en que la vio.
Fabián no prestó atención a las miradas de los demás. Tomó la caja de regalo de las manos de Belén, se la entregó a Lucas y dijo:
—Esto te lo preparó tu cuñada. Feliz cumpleaños.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....