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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 585

Después de repartir el pastel, Lucas miró a Belén, se levantó y le pidió a la persona que estaba a la derecha de ella que le cambiara el sitio.

A la izquierda de Belén estaba sentado Fabián.

Belén no entendía el comportamiento de Lucas.

En cuanto se sentó, él se inclinó un poco hacia ella y le preguntó en voz baja:

—Cuñada, ¿y la señorita Alejandra? ¿Qué ha sido de ella? Parece que ya no sube videos de comida.

La repentina mención de Alejandra dejó a Belén desconcertada.

Fabián, que no le quitaba ojo a Lucas, frunció el ceño al oír la pregunta.

Lucas, al notar la tensión en el rostro de Fabián, sonrió y se apresuró a explicar:

—Ah, por cierto, Fabián, la señorita Alejandra, la mejor amiga de mi cuñada, es la chica de la que te hablé, la que me gusta.

La franqueza de Lucas sorprendió a Fabián.

Un instante después, Belén se giró y miró a Fabián con extrañeza.

Lucas, al ver la tensión en el ambiente, preguntó confundido:

—¿Qué pasa?

Fabián miró a Belén por un segundo antes de responderle a Lucas:

—Ustedes no son compatibles.

Esa simple frase dejaba clara la postura de Fabián.

Al oírlo, a Belén se le encogió el corazón.

Sin embargo, la lógica le decía que Fabián lo decía por proteger a su amigo.

Aun así, no podía evitar pensar que Fabián era un hombre desalmado.

Lucas no entendía qué sucedía. Simplemente sonrió y le dijo a Fabián:

—Fabián, no veo por qué no. Aunque nosotros seamos empresarios y la señorita Alejandra una pequeña influencer, a mí me parece una mujer increíble. Sobre todo cuando se enoja, me parece superauténtica. Me gusta su franqueza y su forma de ser directa.

El rostro de Fabián se mantuvo tenso. Se levantó y le dijo a Lucas:

—Sal un momento conmigo. Tengo algo que decirte.

La servilleta de papel ya se había pegado a la herida de su mano, pero a él no pareció importarle. Con una expresión muy seria, le pidió a Lucas que lo acompañara.

Lucas, aunque confundido, se levantó y salió del privado con él.

Una vez que se fueron, Belén bajó la cabeza y sintió que se le humedecían los ojos.

En ese momento, una amargura indescriptible la invadió.

Por ella y por Alejandra.

—Sí.

Fabián tomó la mano de Belén y la ayudó a levantarse.

Luego, mirando a Lucas, le dijo en voz muy baja:

—Lucas, tú también deberías irte a casa.

Lucas asintió y respondió con un simple monosílabo.

Fabián sabía que necesitaría tiempo para procesar lo de Alejandra.

Así que, tomó la mano de Belén y la guio fuera del privado.

Ya afuera, Fabián notó la distracción de Belén y se volvió hacia ella.

—¿Me estás culpando?

Ella también lo miró, y con el ceño fruncido, le preguntó:

—¿Culparte de qué? ¿De ser un desalmado? ¿Acaso no has sido siempre así?

Las palabras de Belén le causaron una profunda amargura a Fabián, pero cuando habló, solo pudo explicarle con resignación:

—Decidí contárselo a Lucas porque quería que supiera la verdad primero. Si después de pensarlo bien, todavía quiere tratar bien a Alejandra, no me opondré. Pero hay cosas que, simplemente, no se pueden ocultar.

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