Al salir de la habitación, Belén se soltó de la mano de Tobías y le dijo:
—Tengo que acompañar a Rosa y a mi cuñada. Si tienes cosas que hacer, ve tú a resolverlas.
Tobías hizo como si no hubiera escuchado nada, entrecerró sus ojos negros y le preguntó:
—Lo que acaba de decir Rosa, no se te olvidó, ¿verdad?
Belén apartó la cara para no mirar a Tobías y dijo:
—Cosas de niños.
Tobías no le dio importancia, dio un paso más hacia Belén y dijo con una sonrisa pícara:
—Si nosotros dos estamos juntos, también le va a ayudar a Rosa a crecer. Ya sea en lo emocional o en la vida diaria, podemos ser un buen ejemplo para ella.
Belén escuchó lo que dijo Tobías, pero no quiso responderle nada.
Así que optó por guardar silencio.
Tobías notó que Belén no estaba contenta, así que dejó de molestarla.
Le dijo:
—No tengo nada que resolver, de verdad quería llevarte a dar una vuelta.
Belén se negó:
—No, quiero regresar a la habitación a acompañar a mi cuñada y a Rosa.
Tobías se desanimó al instante:
—Ah.
Claramente, no estaba feliz.
Belén levantó la cabeza y lo miró; vio que todavía tenía gotas de sudor en la frente.
Recordando que acababa de consolar a Rosario y que había funcionado, y pensando en que estaba herido y que la herida podría abrirse y sangrar en cualquier momento, Belén sintió de repente un poco de lástima.
Si él salía solo y le pasaba algo...
Belén no quiso seguir pensando en eso, y le dijo a Tobías con resignación:
—Te llevo a tu casa. No es por otra cosa, es solo que me da miedo que la señora se preocupe por ti.
Al oír eso, la cara de Tobías se iluminó de inmediato como si hubiera revivido:
—A mi mamá no le importa, ella siempre me dice que mejor me muera en la calle.
El elevador no llegaba y no había nadie más detrás, así que Belén se giró, levantó la cara para mirar a Tobías y le dijo muy seria:
—Tobías, lo nuestro es imposible. A mi parecer, la señorita de la familia Chávez está muy bien, ella hace buena pareja contigo. Tienen estatus similar y son tal para cual. Si se casan, no solo es una unión perfecta, sino que sería el broche de oro.
El rostro de Tobías se enfrió:
—¿Ella podría ser mejor que tú?
Belén dijo:
—Sí, mejor que yo.
Tobías empujó la mejilla con la lengua, y de repente emanó un aura dominante y agresiva. Bajó la voz y dijo enojado:
—Si sigues diciendo tonterías, ¿me crees capaz de tomarte a la fuerza? Nunca he sido una buena persona. A la gente o las cosas que quiero, si las quiero, hago lo imposible y busco cualquier forma para conseguirlas. Solo que, tratándose de ti, prefiero que sea por tu propia voluntad. Pero si algún día no quieres, no me importa de quién seas mujer, te voy a robar.
Belén lo miró atónita:
—Tobías, tú...
Tobías levantó la mirada, dejando de verla. Los músculos de su tensa mandíbula se movían. Su voz era fría, helada y sin lugar a discusión:
—Yo, Tobías, cumplo lo que digo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....