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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 684

Helena, al escuchar la preocupación de Fabián, se apresuró a responder:

—Se cayó por accidente.

Fabián no miró a nadie más, solo le preguntó a Cecilia:

—¿Es verdad?

Cecilia asintió, con la carita llena de tristeza, y dijo:

—Sí, fue mi culpa por no fijarme por dónde iba, por eso me caí.

Al oír eso, a Fabián le dolió más el corazón. Tomó la mano de Cecilia y dijo:

—Papá te va a curar con un besito.

Cecilia le tendió la mano.

Fabián sopló suavemente sobre el dorso de su mano y preguntó:

—¿Duele?

Cecilia asintió y dijo:

—Sí, duele.

Tras responder, las lágrimas brotaron de sus ojos.

Fabián abrazó a Cecilia y le frotó la espalda para consolarla.

Cecilia se recargó en el hombro de Fabián y preguntó en voz muy bajita:

—Papá, ¿cuándo podemos volver a casa?

Fabián apartó suavemente el cuerpo de Cecilia y le preguntó en voz baja:

—¿Extrañas a mamá?

Cecilia negó con la cabeza y respondió:

—Quiero ir al kínder.

Fabián acarició la mejilla de Cecilia y dijo:

—Regresaremos pasado mañana temprano.

Al escucharlo, Cecilia finalmente sonrió:

—Bueno, entonces quiero dormir con papá esta noche.

Fabián aceptó sin dudarlo:

—Está bien.

Normalmente, para mantener las distancias, dejaba que Cecilia durmiera sola o que Frida la acompañara.

Pero hoy no rechazó la petición de la niña.

Aprovechando que Fabián seguía consolando a Cecilia, Frida se volvió hacia Helena y le dijo:

—Mamá, ven conmigo un momento.

Frida caminó por delante hacia las escaleras de emergencia, y Helena la siguió en silencio.

—De acuerdo.

Terminada la conversación, Frida y Helena regresaron juntas.

Al ver que Cecilia seguía llorando, Frida se acercó, se puso en cuclillas frente a ella y dijo:

—Cecilia, ven, dale un abrazo a la señorita Frida.

Al ver a la dulce señorita Frida, Cecilia extendió los brazos involuntariamente.

Frida cargó a Cecilia, frotó su frente contra la de la niña y preguntó con cuidado:

—¿Qué pasa? ¿Estás triste?

Cecilia rodeó el cuello de Frida con sus brazos y negó con la cabeza:

—No.

Frida dijo:

—Cuando la abuela termine aquí, te llevaremos al parque de diversiones con papá, ¿te parece?

Cecilia asintió:

—Sí.

Al recordar la ferocidad de Helena cuando le pegaba, Cecilia tembló sin querer.

Pero pensó que Helena era Helena, y que la señorita Frida, que era tan buena con ella, nunca le pegaría.

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