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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 700

Mariana dijo:

—Significa que la mamá se muere.

Cecilia asintió:

—Ah, ya entiendo.

Mariana se levantó, tomó la manita de Cecilia y dijo:

—Bueno, ya no pensemos en esa persona tan nefasta que es tu madre, vamos a divertirnos.

Cecilia asintió:

—Sí.

Pero al subir al carro, las palabras de Mariana seguían resonando en la mente de Cecilia.

***

De vuelta en la cima de la montaña.

Los cinco estaban acostados sobre una manta extendida.

Belén y Alejandra estaban en el centro, rodeadas por el grupo, con Tobías y Mateo a sus lados.

Mirando las incontables estrellas en el cielo, los ojos de Belén reflejaban confusión. A su alrededor, todo era silencio.

Mateo rompió el hielo preguntando:

—Están muy callados, ¿en qué piensan?

Nadie le respondió.

Al ver que nadie contestaba, Mateo preguntó directamente:

—Esteban, ¿en qué piensas tú?

La voz de Esteban sonó fría:

—Estoy pensando en cómo vamos a repartirnos las casas de campaña.

Mateo se burló:

—Qué superficial, con este paisaje tan hermoso y tú pensando en cosas sin importancia.

Esteban replicó:

—Al rato no me ruegues para dormir conmigo.

Mateo hizo un sonido de desdén y luego le preguntó a Tobías:

—¿Y Tobías? ¿En qué piensas?

Tobías, con las manos detrás de la cabeza mirando las estrellas, dijo con voz ronca:

—Yo soy un hombre superficial, mi cerebro está lleno de cochinadas, así que también estoy pensando en cómo repartir las tiendas.

Mateo se quedó sin palabras y dijo exasperado:

—Tener amigos como ustedes dos hace que... no pueda levantar la cabeza de vergüenza.

Tobías preguntó con picardía:

—¿Cuál cabeza?

Mateo le gritó un poco ansioso:

—Alejandra está aquí, ¿podrías dejar de hacer esas bromas?

Belén propuso tentativamente:

—Yo duermo con Alejandra y ustedes tres hombres se acomodan, ¿va?

Apenas terminó de hablar, Tobías protestó:

—Yo duermo contigo, Mateo con Esteban, y la señorita Alejandra que tenga su propia habitación.

Lo organizó todo claramente, con un tono que no admitía réplica.

Belén levantó la cabeza, lo fulminó con la mirada y dijo:

—No voy a dormir contigo.

Tobías le dijo:

—Tengo algo que decirte.

Al oír eso, Belén se quedó pasmada.

El asunto de Emilia seguía atorado en su pecho; si no lo soltaba, sentía que iba a explotar.

Pensando en eso, Belén aceptó:

—Está bien.

Al ver esto, Alejandra miró a Belén con preocupación:

—Belén...

Belén se giró hacia Alejandra y sonrió:

—No pasa nada, solo voy a hablar unas palabras con el señor Tobías. Cuando terminemos, te busco.

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