Pero al entrar en el chat, solo aparecía que la otra persona había eliminado un mensaje.
Llena de dudas, Belén envió un signo de interrogación.
Emilia respondió casi al instante: [Me equivoqué al picarle.]
Ya que estaban hablando, Belén preguntó con curiosidad: [¿Qué tal te fue con el señor Tobías?]
Emilia sintió como si Belén estuviera indagando, así que respondió: [Nos fue muy bien.]
Al leer eso, Belén sintió una sensación extraña en el pecho.
Tras un breve silencio, le dijo a Emilia: [Entonces felicidades.]
Emilia contestó: [Sí, gracias Belén.]
Belén no siguió la conversación; después de darse las buenas noches, se fue a secar el cabello.
Cuando terminó, se acostó en la cama.
Pero, aunque estaba bajo las cobijas calientitas, no tenía nada de sueño.
Tampoco tenía ganas de usar el celular, así que se acurrucó en la cama mirando con la vista perdida hacia la ventana.
Como estaba distraída, cuando una sombra pasó fugazmente frente a la ventana, aunque Belén no vio bien, se asustó.
Casi por instinto, se sentó de golpe en la cama con los ojos llenos de terror, clavando la mirada en la ventana.
Pero aparte del mar de luces afuera, no había nada.
Belén no pudo evitar pensar si lo había imaginado.
Al pensar en eso, la tensión que sentía se relajó.
Se levantó, fue a la ventana y cerró las cortinas.
Al regresar a la cama, sintió sueño.
Esta vez, Belén durmió de un tirón hasta el amanecer.
Sonaron unos golpes en la puerta, acompañados de la voz de Hugo preguntando:
—Belén, ¿ya te levantaste?
Belén se sentó.
—Hugo, ya estoy despierta.
—Entonces arréglate, paso por ti en media hora —dijo Hugo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....