Entrar Via

De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 275

Al llegar a la recamara Adrián abrió la puerta sin bajar a Victoria de sus brazos y la depositó junto a la cama y esperó. Victoria comprendió que no daría otro paso mientras ella no se lo permitiera.

—Ven conmigo —pidió.

Adrián se acercó y la besó con una lentitud que le hizo olvidar cualquier respuesta. Sus dedos retiraron un mechón de su rostro antes de descender por su cuello y sus hombros. Victoria deslizó las manos hasta su cinturón, lo abrió y dejó que cayera. Después desabrochó su pantalón sin apartar la mirada.

—Pareces demasiado satisfecho —murmuró.

—La mujer que amo está desnudándome. Sería hipócrita fingir modestia.

Ella empujó el pantalón por sus caderas y Adrián terminó de quitárselo. Quedó frente a ella con la respiración alterada y el cuerpo tenso por el deseo.

—Ahora tú —dijo ella.

Adrián rodeó su espalda y desabrochó el sostén. Lo retiró con cuidado, dejando que sus dedos rozaran sus brazos. Al verla, inclinó la cabeza y besó la parte superior de un seno. Victoria cerró los ojos cuando su boca descendió y la calidez de sus labios rodeó un pezón.

Ella hundió los dedos en su cabello mientras él alternaba besos y caricias, atento a cada cambio en su respiración.

—Dime qué quieres.

—A ti.

—Ya me tienes.

La seguridad con que lo dijo no tuvo nada de posesión. Adrián no afirmaba que ella le perteneciera; se entregaba a su voluntad con una devoción capaz de desarmarla.

Él la recostó sobre la cama y se inclinó encima sin apoyar todo su peso. Besó sus labios, descendió por su garganta y recorrió su pecho. Al llegar más abajo, se detuvo junto a la cicatriz.

Victoria se tensó lo que provocó que Adrián levantara la mirada.

—¿Te duele?

—No. Solo no quiero que la veas y sientas que ahora tengo una cicatriz horrible.

—La veo y recuerdo que estás viva.

Depositó un beso cuidadoso cerca de la marca y continuó descendiendo.

Sus dedos se deslizaron bajo el borde de la última prenda, pero se detuvieron.

—Dímelo.

—Quítamela.

Adrián obedeció. La tela descendió por sus piernas y terminó en el suelo. Él recorrió con las manos sus muslos, abriéndolos lentamente mientras besaba el interior de uno. Victoria sintió pudor bajo aquella mirada, aunque la forma en que Adrián la contemplaba no dejaba espacio para la vergüenza.

—No me mires así —susurró.

—No sé mirarte de otra manera.

—Antes sí sabías.

Adrián quedó inmóvil y después besó su rodilla.

—Antes era un hombre demasiado cobarde para reconocer que había encontrado en ti todo lo que no merecía. No voy a pedirte que olvides cuánto tardé en verlo.

Victoria acarició su rostro.

—Esta noche no quiero hablar del hombre de antes.

—Entonces déjame mostrarte al que está aquí.

Adrián volvió a besarla y su mano descendió entre sus piernas. El primer roce le arrancó un suspiro que él recibió contra sus labios. Sus dedos la acariciaron con suavidad, descubriendo el ritmo que hacía temblar sus muslos. Victoria movió las caderas contra su mano, perdida en una sensación que crecía con cada contacto.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO