Adrián permaneció inmóvil. La pregunta de Victoria quedó entre ambos mientras él intentaba distinguir si nacía del deseo o del dolor que había dejado aquella lista. La deseaba con una intensidad que ya no podía ocultar, pero prefería perder ese instante antes que aceptar algo que ella lamentara al amanecer.
—Te preguntaría qué significa todo —respondió.
Victoria sostuvo su mirada.
—Significa que quiero que me beses sin detenerte porque temes equivocarte. Que quiero sentir tus manos sobre mí y dejar de pensar durante unas horas en todo lo que nos hizo daño.
—Eso último no puedo concedértelo.
Ella frunció el ceño.
—¿No me deseas?
Adrián se levantó y quedó frente a ella. Su cercanía bastó para cambiar el ritmo de la respiración de Victoria, aunque él no la tocó.
—Te deseo desde que volviste a entrar en mi vida sin pedirme permiso. Te deseo cuando discutes conmigo, cuando proteges a los niños y cuando me miras como si aún estuvieras decidiendo si merezco acercarme. Pero no voy a utilizar lo que sientes esta noche para ayudarte a olvidar. Si me eliges, quiero que estés presente en cada segundo.
La respuesta la alcanzó en un sitio donde ningún cumplido habría podido hacerlo. Adrián no intentaba conquistarla mediante una frase perfecta; estaba dispuesto a negarse aquello que más deseaba para proteger el derecho de ella a elegirlo con claridad.
Victoria se puso de pie.
—Estoy presente.
Acortó la distancia y apoyó las manos sobre su pecho. Bajo la camisa, el corazón de Adrián latía con una fuerza que contradecía su aparente control.
—Y te estoy eligiendo a ti —añadió—. No al hombre con quien me casé ni al que imaginé durante años. A ti, como eres ahora.
Adrián cerró los ojos apenas un instante. Cuando volvió a abrirlos, algo en su expresión había cedido.
—Dímelo otra vez.
—Te elijo, Adrián.
Él sostuvo su rostro entre las manos y la besó. Al principio fue un contacto contenido, casi reverente, pero Victoria se aferró a su saco y profundizó el beso. La cautela de Adrián se transformó entonces en una necesidad firme. Sus labios recorrieron los de ella con una paciencia que no disminuía el deseo, sino que lo volvía más intenso.
Victoria sintió sus dedos deslizarse hacia su nuca. Él la sostuvo allí mientras su otra mano se acomodaba en su cintura y la acercaba hasta eliminar el espacio entre ambos. La dureza de su cuerpo le reveló cuánto se había contenido, y aquella certeza despertó en ella un estremecimiento.
—Aún puedes pedirme que pare —murmuró Adrián contra sus labios.
—También puedo pedirte que dejes de hablar.
Una sonrisa breve apareció en él.
—Esa orden sí puedo obedecerla.
Volvió a besarla. Victoria deslizó las manos bajo su saco y lo empujó por sus hombros. La prenda cayó sobre el sillón. Después buscó los botones de su camisa, pero sus dedos temblaron al desabrochar el primero.
Adrián cubrió sus manos con las suyas.
—No tenemos que apresurarnos no estas cien por cierto recuperada.
—No estoy asustada además estoy mucho más fuerte que hace unas semanas.
—Yo sí tengo miedo.
Victoria lo miró, sorprendida.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....