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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 280

El automóvil registrado a nombre de la empresa de Daniel había sido abandonado pocas horas después de entregar el sobre. No encontraron huellas útiles ni documentos, pero el recorrido de las cámaras permitió seguirlo hasta un edificio donde funcionaba una oficina vinculada con procesos de adopción internacional.

Adrián reunió a los abogados y al investigador antes del desayuno. Victoria entró después de dejar a Camille y Mathis con la psicóloga, aunque la ausencia de los niños no volvió menos inquietante la fotografía proyectada sobre la pared.

—El responsable de la oficina se llama Luc Moreau —explicó el investigador—. Ha trabajado como intermediario entre familias, evaluadores y autoridades francesas. Tuvo acceso al expediente de los niños.

—¿Puede emitir solicitudes oficiales? —preguntó Victoria.

—No, pero conoce el formato y puede obtener copias de documentos auténticos.

El abogado mostró una serie de transferencias recibidas por una consultora propiedad de Moreau. Los pagos provenían de una empresa sin actividad comercial aparente que compartía representantes con otra utilizada por Daniel para mover dinero.

Adrián apoyó ambas manos sobre la mesa.

—Necesita ser detenido.

—Primero debemos entregar la evidencia a las autoridades —respondió el abogado—. Si actuamos fuera del procedimiento, podría destruir las pruebas.

Esperar siempre había sido difícil para Adrián, pero resultaba insoportable cuando los niños estaban involucrados. Victoria reconoció el gesto con el que contenía la necesidad de tomar el teléfono y abrir puertas mediante su apellido.

—Seguiremos el procedimiento —dijo ella antes de que él respondiera—. Mientras tanto, revisaremos qué información recibió.

Los registros obtenidos con autorización revelaron que Moreau conocía los horarios escolares, las visitas de los evaluadores y los vehículos utilizados por la familia. También conservaba fotografías de Camille y Mathis, copias de sus informes psicológicos y notas sobre los temores que habían expresado durante las entrevistas.

Victoria sintió que la indignación desplazaba momentáneamente al miedo.

—Utilizaron lo que dijeron en un espacio seguro para planear cómo manipularlos.

—Y sabían que no permitiríamos una entrevista sin nosotros —añadió Adrián—. Querían que el documento pareciera una obligación.

El investigador no podía confirmar si el objetivo era secuestrar a los niños o conseguir que Victoria saliera de la mansión para defenderlos. Ambas posibilidades conducían a Daniel.

Camille apareció en el corredor cuando Victoria abandonó el estudio. Había terminado su sesión antes de lo previsto y alcanzó a escuchar que alguien poseía copias de sus declaraciones.

—Yo les dije que Mathis se asusta cuando no puede verme —dijo—. Por eso saben cómo separarnos.

Victoria se acercó, pero Camille retrocedió.

—No debí contarles nada.

—Hiciste lo correcto al decir la verdad.

—Ahora el señor Daniel sabe qué usar contra nosotros.

La lógica de la niña era dolorosa porque nacía de experiencias reales. Había aprendido que revelar una necesidad podía ofrecer a los adultos otra forma de controlarla.

—Escúchame, Camille. El problema no fue que confiaras en los evaluadores, sino que alguien traicionó esa confianza. La vergüenza le pertenece a esa persona, no a ti.

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