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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 290

La desaparición de los documentos obligó a los abogados a buscar copias fuera de los archivos oficiales. Regina escuchó parte de la conversación desde el corredor y recordó una fundación francesa que colaboraba con familias evaluadas para recibir menores con necesidades médicas.

—Conozco a una persona que trabajó allí —dijo—. Pudo recibir los mismos informes cuando buscaron un hogar para Mathis.

Adrián le pidió el nombre, pero Victoria advirtió que Regina ya sostenía el teléfono, preparada para resolver el problema antes de que alguien estableciera límites.

—No llamarás todavía —dijo.

Regina levantó la mirada y, durante un instante, pareció dispuesta a recordarle que llevaba décadas tratando con personas influyentes. Sin embargo, dejó el teléfono sobre la mesa.

—La directora se llama Agnès Delaunay. Conserva archivos privados de los casos en los que participó y conoce a varias trabajadoras sociales retiradas.

—Entrega la información a los abogados —respondió Victoria—. Ellos decidirán cómo contactarla para que cualquier documento pueda utilizarse legalmente.

—Podría obtener una respuesta hoy mismo.

—Y si la presionas o le ofreces algo, los familiares alegarán que fabricamos las pruebas.

Regina tensó los labios, pero terminó enviando los datos al equipo legal. Aquel gesto confirmó que su declaración pública no había sido únicamente una actuación. Ayudar sin adueñarse de la decisión le resultaba incómodo, aunque estaba dispuesta a intentarlo.

Los abogados contactaron a Agnès mediante una solicitud formal. La mujer recordó el caso y confirmó que la fundación evaluó a varios familiares antes del traslado de los niños. Había conservado copias porque las necesidades médicas de Mathis requerían una revisión adicional.

—Puedo enviar los informes, aunque deberán solicitar autorización para incorporarlos al proceso —explicó durante una videollamada.

—¿Recuerda a la pareja que ahora pide la custodia? —preguntó Victoria.

—Perfectamente. Aceptaban recibir a la niña, pero no al hermano. Consideraban que mantenerlos juntos dificultaría la adaptación de Camille.

Regina soltó el aire con indignación.

—Ahora se presentan como defensores del vínculo familiar.

Agnès añadió que la pareja preguntó si recibir a Camille les permitiría administrar cualquier beneficio económico destinado a los hermanos. Cuando les informaron que no existían fondos disponibles y que debían asumir los gastos, retiraron su candidatura.

—¿Quedó registrado? —preguntó Adrián.

—Sí. También conservamos la evaluación financiera y la declaración firmada donde renuncian a recibir a cualquiera de los menores.

Los documentos llegaron horas más tarde. Camille pidió revisarlos con Victoria y descubrió su propio nombre separado del de Mathis en varios formularios. La niña tuvo que abandonar la lectura cuando comprendió que aquellos adultos habían calculado qué hermano les resultaba más conveniente.

—No quiero que me elijan si para hacerlo tienen que rechazarlo —dijo.

Victoria la abrazó después de recibir su permiso.

—Aquí nadie necesita que uno de ustedes desaparezca para hacer espacio al otro.

Mathis, que escuchaba desde la puerta, preguntó si eso significaba que Camille siempre tendría que quedarse con él. Victoria percibió que el niño temía convertirse también para su hermana en una obligación.

—Significa que tienen derecho a permanecer juntos mientras sean menores y así lo deseen —explicó—. Cuando crezcan, cada uno construirá su vida sin dejar de ser hermanos.

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