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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 295

La noticia del compromiso apareció en los principales medios antes del mediodía, acompañada por una fotografía de Victoria y Adrián saliendo del evento donde habían confirmado que volverían a casarse. En la imagen, él mantenía una mano sobre la espalda de ella mientras Victoria levantaba el rostro ante las cámaras, sin intentar refugiarse detrás de su prometido.

Los comentarios no tardaron en dividirse entre quienes celebraban la reconciliación y quienes cuestionaban cada una de sus decisiones. Algunos medios recordaron el matrimonio anterior, el despertar de Fernanda y el divorcio, mientras otros sugirieron que la adopción de Camille y Mathis era una estrategia para mejorar la imagen pública de la pareja.

Victoria terminó de leer una de las publicaciones y dejó la tablet sobre el escritorio.

—Debería molestarme que hablen de los niños como si fueran parte de una campaña —admitió—, pero no voy a permitir que conviertan nuestra felicidad en algo de lo que debamos avergonzarnos.

Adrián se encontraba frente a la ventana del despacho y, al escucharla, se volvió hacia ella. Había esperado que la presión mediática despertara las dudas que tanto esfuerzo les había costado superar, pero encontró a una mujer serena, dispuesta a defender lo que había elegido.

—Puedo ordenar que nuestros abogados intervengan.

—Hazlo cuando crucen los límites legales, no porque me incomode una opinión. Ya me escondí demasiado tiempo detrás de lo que otros esperaban de mí.

Adrián se acercó y apoyó las manos sobre los brazos del sillón. La posición habría resultado intimidante en cualquier otro hombre, pero Victoria reconoció en sus ojos algo distinto al deseo de imponer su voluntad.

—Nunca estuviste detrás de mi apellido —declaró—. Fui yo quien tardó demasiado en comprender que debías estar a mi lado sin dejar de ser Victoria Altamirano.

Ella deslizó los dedos por su corbata y lo atrajo lo suficiente para besarle la mejilla.

—Me agrada que finalmente lo entiendas.

—Me agrada más verte actuar como si siempre lo hubieras sabido.

Victoria sonrió, aunque su expresión cambió cuando miró los documentos relacionados con la adopción. El compromiso les ofrecía una felicidad que habían creído perdida, pero no eliminaba las amenazas ni la incertidumbre legal que todavía rodeaba a Camille y Mathis.

—No quiero que el anuncio complique el proceso para poder adoptar a nuestros hijos.

—No lo hará —respondió Adrián—. Y, si alguien pretende utilizar nuestra historia contra ellos, tendrá que enfrentarse a los dos.

A varios kilómetros de allí, Daniel observaba la misma fotografía desde una habitación cuyas cortinas permanecían cerradas. Había soportado informes sobre Victoria, grabaciones de sus apariciones públicas y detalles de su relación con Adrián, convencido de que todavía existía una oportunidad para recuperar el lugar que consideraba suyo.

El anillo en la mano de Victoria destruyó esa fantasía.

—Lo hizo para provocarme —murmuró.

Su padre, sentado al otro extremo de la habitación, bajó el periódico que fingía leer.

—Victoria no organiza su vida pensando en ti. Precisamente por eso debemos continuar ocultos hasta que pueda sacarnos del país.

Daniel amplió la fotografía y contempló la mano de Adrián sobre la cintura de Victoria.

—Va a casarse con el hombre que me lo quitó todo.

—Ella eligió a Adrián hace mucho tiempo. Aceptarlo no es perder, sino conservar la posibilidad de salir con vida.

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