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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 411

Adrián reconoció a Isabel antes de que ella terminara de bajar, seguida casi inmediatamente por Ernesto, y ambos avanzaron hacia la entrada con expresiones que anunciaban que ya sabían suficiente para entender que algo terrible había ocurrido.

—Llegamos en cuanto vimos lo que pasó afuera de la estación —dijo Ernesto apenas cruzó la puerta—. Está en todos los medios, Adrián, hay videos, fotografías, testimonios sobre muertos y policías heridos, así que quiero que me digas dónde está Victoria.

Adrián sintió cómo aquella pregunta golpeaba exactamente donde llevaba horas intentando no mirar demasiado, aunque respondió sin apartarse de la entrada porque cada minuto dentro de la mansión le parecía un minuto robado a la búsqueda de su esposa.

—Daniel se la llevó.

Isabel se llevó una mano al pecho mientras Ernesto lo observaba con una incredulidad que rápidamente se convirtió en enojo.

—¿Cómo permitiste que eso ocurriera?

La pregunta produjo en Adrián un impulso inmediato de responder con la misma violencia con la que había sido formulada, pero consiguió contenerse porque sabía que detrás del reproche también había una madre aterrada.

—Atacaron cuando salíamos de la estación, dividieron a la policía y a seguridad, hubo disparos desde varios puntos y utilizaron el caos para llevársela.

—¿Y todos esos hombres que contrataste para protegerla no sirvieron de nada? —insistió Ernesto.

—Uno murió intentando impedirlo y varios están heridos.

La respuesta consiguió que Ernesto guardara silencio unos segundos, aunque Isabel ya había desviado la atención hacia Regina, quien permanecía sentada con el rostro golpeado, mientras Clara seguía cerca de ella con los ojos hinchados y las manos temblorosas.

—¿Qué pasó aquí?

Regina levantó el rostro.

—También atacaron la mansión.

Isabel miró alrededor como si recién entonces notara los cristales rotos, las marcas de disparos y el movimiento constante del personal de seguridad.

—¿También?

Su expresión cambió de nuevo y sus ojos recorrieron el corredor.

—¿Dónde están Camille y Mathis?

El silencio duró apenas unos segundos, pero resultó suficiente para que ella entendiera que algo más estaba mal.

—Adrián, ¿dónde están los niños?

Él sostuvo su mirada.

—También se los llevaron.

Isabel retrocedió y Ernesto se volvió hacia Adrián con una dureza que esta vez ni siquiera intentó disimular.

—¿También perdiste a los niños?

Aquella pregunta le atravesó el pecho porque llevaba horas repitiéndosela de maneras distintas.

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