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¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía romance Capítulo 1

—Solo te pedí que celebráramos tu cumpleaños otro día, ¿de verdad tienes que hacer un drama y pedir el divorcio?

Lisandro Herrera frunció el ceño y miró a Alana Aguirre con frialdad.

Alana esbozó una media sonrisa, sin siquiera molestarse en discutir.

—No es un drama. Solo firma —dijo ella, pasándole los papeles.

Su tono indiferente hizo que los ojos de Lisandro temblaran ligeramente. Reprimió la ira que asomaba en su rostro.

—Yarita sufre de depresión. ¡Si celebro tu cumpleaños ahora, solo empeoraré su estado! Ten un poco de empatía por ella, deja de hacer berrinches.

Empatía.

Alana estaba harta de escuchar esa palabra.

Si Yara Lozano tenía frío, él iba a abrigarla, y ella debía tener empatía.

Si Yara tenía hambre, él le llevaba comida, y ella debía tener empatía.

Incluso si el perrito de Yara estornudaba, él era el primero en correr a cuidarlo.

—Ya no quiero tener empatía, Lisandro. Terminemos esto por las buenas —respondió Alana con voz serena.

—¿De verdad estás segura de esto? —preguntó Lisandro.

Él la miró, con una frialdad cada vez más profunda en sus ojos.

—Una vez que firmes, no habrá vuelta atrás. ¿Estás dispuesta a dejarme? ¿De verdad vas a renunciar a ser la señora Herrera?

Alana frunció el ceño. *¿Por quién la tomaba?*

*¿Acaso era una mendiga esperando sus migajas? ¿O una interesada buscando su dinero?*

Una profunda tristeza brotó de su corazón, seguida de un dolor agudo como mil agujas clavándose en su pecho.

El dolor fue tal que se quedó sin palabras.

De repente, el teléfono de Lisandro sonó con ese tono exclusivo para "aquella persona". Su mirada se suavizó de inmediato.

Al segundo siguiente, se coló el sonido de unos sollozos delicados.

Él se frotó la frente y se apresuró a responder:

—Está bien, voy para allá.

Al colgar, miró a Alana y su tono volvió a ser frío.

—Yarita se lastimó, iré a verla. Celebraremos tu cumpleaños en otro momento. Ve a comprarte un buen regalo y cálmate.

Tiró una tarjeta de crédito sobre la mesa, tomó las llaves de su auto y caminó hacia la salida. En la puerta, se detuvo para advertirle:

—No vuelvas a mencionar lo del divorcio. Alana, no siempre tendré la paciencia para rogarte.

Capítulo 1 1

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