Lisandro se acercó y la tomó apresuradamente por la muñeca:
—Yarita se torció el tobillo y lleva rato esperándote.-
Ella no se movió. Se soltó de su agarre, guardó la mano en su bolsillo y respondió con frialdad:
—Para un tobillo torcido necesitas a un traumatólogo. El elevador está ahí, tercer piso.
Lisandro se quedó paralizado un par de segundos. La frialdad volvió a inundar su mirada.
Alana, con expresión impasible, se arremangó antes de que él pudiera decir algo más, revelando su antebrazo vendado.
—¿Cuándo te lastimaste? ¿Por qué no me dijiste nada? —Lisandro frunció el ceño y estiró la mano, intentando revisar la herida.
En silencio, Alana se bajó la manga de nuevo, apartando la mano que rozaba su hombro, y le dijo en un tono gélido:
—Ya firmé el acuerdo de divorcio y lo dejé en el estudio. Revísalo bien cuando regreses a casa.
Lisandro apretó la mandíbula y retiró la mano, luciendo incómodo.
Soltó un leve suspiro y, tratando de mantener la calma, le dijo:
—Yo soy el culpable de la condición de Yarita. Crecimos juntos y no puedo simplemente darle la espalda. Te prometo que, una vez que termine todo esto, las cosas volverán a ser como antes.
Alana no mostró ni un ápice de emoción.
—Lisandro, no hay nada más que decir. Solo quiero que aceptes el divorcio.
Lisandro se le quedó mirando fijamente. Sus hombros temblaban levemente mientras luchaba por contener su ira.
—Sabes perfectamente que no lo haré —dijo con los dientes apretados. Dudó unos momentos antes de añadir—: Olvídalo. Eres completamente irracional.
Al escucharlo, el estómago de Alana dio un vuelco. Sintió unas náuseas tan fuertes que casi vomita.
Luchando contra su malestar, alcanzó a decirle:
—Hablaremos cuando te calmes.
Lisandro: …
Sin ganas de discutir más, Alana se marchó sin mirar atrás.
Tomó un taxi hasta la casa de Axel Vargas. Para entonces, su estómago se había calmado un poco y, por primera vez en mucho tiempo, se sentía aliviada.
Axel era su mejor amigo desde la infancia, y ahora era médico adjunto en gastroenterología en el mismo hospital de la División Médica Herrera.
Al enterarse de su decisión, Axel cambió su turno con un colega de inmediato, arregló la habitación de invitados y preparó una mesa llena de comida para recibirla.
En cuanto entró, Axel la recibió con un fuerte abrazo.

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