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De tu traición a la cama de tu hermano romance Capítulo 3

Esa noche, al salir del trabajo, Yuliana se quitó la bata médica y tomó un taxi directo al restaurante.

Gala había reservado en El Balcón Dorado, un exclusivo lugar en el sur de la ciudad.-

La comida allí era espectacular, pero los precios no eran nada accesibles.

En el pasado, Yuliana había ido varias veces con Ignacio.

Cuando llegó a El Balcón Dorado, el sol apenas se había ocultado y la entrada del restaurante, iluminada con luces cálidas, estaba repleta de autos de lujo.

Yuliana le dio a la recepcionista el nombre de la reserva y un mesero la guio por un pasillo elegante y silencioso. Justo antes de llegar a la puerta del salón privado, escuchó una voz que conocía a la perfección.

Era la voz de Leticia.

Sus pies se clavaron en el suelo. Sintió como si una mano invisible le estrujara el pecho, provocándole un dolor punzante y sofocante.

El mesero ya había abierto la puerta, y el ruido de las conversaciones inundó sus oídos.

Había varias personas en la mesa. Además de Leticia e Ignacio, reconoció un par de caras conocidas de la boda de Gala.

Al notar que alguien entraba, todos giraron la cabeza hacia la puerta.

Leticia se puso de pie de un salto al ver a Yuliana.

—Her... hermana... —tartamudeó, con un tono lleno de nerviosismo y pánico, como si le aterrara la sola presencia de Yuliana—. No sabía que ibas a venir...

Yuliana sintió un escalofrío al verla actuar de esa manera.

Durante años creyó que su hermanastra era una niña tímida y frágil, y por eso siempre asumió la responsabilidad de protegerla.

Hasta el día en que los encontró en el apartamento de Ignacio, revolcándose en la cama. Recordaba perfectamente cómo Ignacio le sostenía la mano a Leticia y le decía: —Leti, en cuanto termine las cosas con Yuliana, me casaré contigo.

Y ella, como una completa idiota, se había quedado parada en la puerta sosteniendo un pastel de cumpleaños, siendo testigo de esa grotesca traición.

—¡Ya basta, Yuliana! Estás tan acostumbrada a maltratar a Leticia que ya ni siquiera disimulas en público, ¿verdad? —Ignacio se puso de pie y jaló a Leticia para esconderla detrás de él, fulminando a Yuliana con una mirada gélida.

Yuliana seguía de pie en el umbral. Sintió que la sangre se le helaba en las venas.

Al ver la frialdad en los ojos de Ignacio y la sonrisa triunfante que asomaba en los labios de Leticia, sintió un nudo en la garganta. Hasta respirar le dolía.

Capítulo 3 1

Capítulo 3 2

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