Entrar Via

Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano romance Capítulo 117

Dijeron que Noah vendría a traer la ropa, pero al final Salvador terminó regresando junto con ellos.

Ya se había cambiado, lucía un traje negro impecable que resaltaba aún más sus facciones finas y esa aura de elegancia inalcanzable. A su alrededor flotaba una especie de indiferencia que hacía difícil acercarse.

Quizá fue por aquel comentario de Florencia sobre los conjuntos para parejas, pero esta vez, el vestido que Salvador trajo para ella también era negro. Era un vestido de gala, ajustado, diseñado para ceñirse a cada centímetro de su piel y mostrar con sutileza cada curva de su figura.

Salvador no sabía si otra vez le estaba ganando el papel de esposo, porque aunque seguían en su propia casa y no había público, cuando Florencia subió a cambiarse, él también la siguió.

Se recargó con calma frente al tocador y la observó mientras ella se ponía el vestido. Cuando Florencia luchaba por alcanzar el cierre en su espalda, él por fin se acercó.

Desde atrás, Salvador rodeó su cintura con una mano, y con la otra, le subió el cierre con naturalidad.

En el gran espejo de cuerpo entero, el vestido negro hacía que la piel de su esposa luciera todavía más clara, como si desafiara la blancura de la nieve. Florencia siempre tenía un aire reservado, pero hoy eso se agudizaba aún más. Su cuello largo y delgado sobresalía del escote del vestido, y sus ojos, serenos y lejanos, parecían decirle al mundo que no se acercara.

Pero esa era la manera en que miraba a los demás.

La mano de Salvador acarició con suavidad la cintura de Florencia. En sus ojos brillaba una sombra profunda, casi oscura.

Esa era su esposa. No importaba lo orgullosa y distante que fuera, solo él podía estar cerca de ella, tocarla, ver ese lado que nadie más conocía.

Sus brazos se apretaron un poco más, como si quisiera fundir su cuerpo al de él, y Florencia, mirando el reflejo, pudo ver esa expresión cargada de deseo de poseer.

No le gustaba cómo la abrazaba; de hecho, le resultaba incómodo. Se movió, queriendo zafarse, pero Salvador parecía estar decidido a no soltarla, y su mano, en vez de aflojar, descendió hasta el vientre de ella.

Su voz, baja y áspera, sonó justo detrás de su oído:

—Flor, ¿subiste de peso?

El cuerpo de Florencia se tensó de inmediato, y la sangre se le fue del rostro. Apretó los labios, obligándose a mantener la calma.

Llevaba más de tres meses embarazada, pero como siempre había sido tan delgada, casi nadie lo notaba.

Florencia pensaba que todavía podía pasar un tiempo antes de que Salvador sospechara algo, y que para cuando eso sucediera, ella ya se habría ido de Jardines de Esmeralda.

Pero nunca nada sale como uno planea.

Lo último que quería era que Salvador siquiera imaginara que estaba embarazada. Si se enteraba, solo se complicarían más las cosas, y sería mucho más difícil librarse de él.

Mientras bajaba la mirada, buscando una salida, Salvador ya la observaba a través del espejo, notando lo pálida que estaba.

Frunció el entrecejo, con cierta preocupación.

—Flor, ¿qué te pasa? ¿Por qué esa cara?

—Yo...

—Solo subiste un poco de peso, ¿no? Mejor, así ya no vas a andar con esa anemia de antes —la interrumpió Salvador, sin darle tiempo de responder—. Por una cosa tan simple, ¿por qué te pones así?

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano