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Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano romance Capítulo 119

—Ay, Flor, ¿cómo que ves a tu papá y a tu mamá y ni los saludas? —Facundo apareció de lo más sonriente y se sentó junto a Florencia, jalando a Juliana para que ocupara el lugar a su lado.

Juliana apenas le dirigió una mirada fugaz a Florencia al sentarse, y enseguida bajó la cabeza para ponerse a pelar fruta para Facundo, como si ese fuera su único mundo. Ni siquiera intentó disimular.

Aunque Florencia ya estaba acostumbrada a esas actitudes de Juliana, verla en ese momento le hizo sentir como si le hubieran dado un puñetazo directo al pecho. Mejor apartó la mirada, tragándose el sentimiento.

Facundo, con ese tono sarcástico que siempre usaba cuando quería molestar, volvió a la carga:

—Sí que te crees la gran cosa, ¿no? Ya ni saludas cuando ves a tus papás.

—Hoy andas de buen humor, ¿o qué?, ¿ya pagaste todas tus deudas? —replicó Florencia sin ocultar el fastidio.

Hasta hace unos días, no paraba de recibir llamadas de Facundo, rogándole que retirara la demanda.

Facundo había internado a Juliana en una clínica porque le preocupaba que ella se descontrolara, y ahora la traía de paseo como si nada. Eso solo podía significar que las cosas no iban nada bien para él.

La sonrisa de Facundo se desmoronó un segundo, pero enseguida se recuperó y soltó con aire misterioso:

—Eso no hace falta que te preocupe, Flor. Mira, no es por nada, pero uno no debe olvidar quién le tendió la mano. Aunque ahorita andes muy bien con tu marido, ¿de verdad crees que siempre será así? Al final de cuentas, la familia es la que nunca te falla. Cuando esta familia salga adelante, si alguna vez tienes un problema en la familia Fuentes, tu papá va a estar ahí para respaldarte, ¿qué no?

El tono falso de Facundo le revolvió el estómago a Florencia.

Sin importar cómo fueran las cosas entre ella y Salvador, escuchar a su propio padre deseando que su matrimonio fracasara, y encima en público, le parecía asqueroso.

—Ya deja de venderme sueños —le soltó Florencia, sin molestarse en disimular la mueca—. ¿Tú apoyarme? Con la clase de habilidades que tienes, ni en otra vida vas a conseguir que la familia Villar y la familia Fuentes estén al mismo nivel. Mejor preocúpate por tapar todos los hoyos que tienes y pagar la montaña de deudas que arrastras.

—Eso no es asunto tuyo —declaró Facundo, alzando la barbilla con aire desdeñoso—. Pero bueno, Flor, hablando de otra cosa, deberías apurarte y darle un nieto a la familia Fuentes. Tu mamá ya quiere cargar a su nieto.

De pronto, Juliana, que había estado todo el tiempo cabizbaja, levantó la mirada hacia Florencia.

La miró fijamente, sin apartar los ojos durante unos segundos. Florencia rara vez se sentía reflejada en los ojos de su madre, pero esa vez percibió un destello extraño. Por un instante, quiso aferrarse a la esperanza.

Estaba a punto de decir algo, pero Juliana se colgó del brazo de Facundo y negó con la cabeza:

—No quiero el hijo de ella, Facundo. No lo quieras tú tampoco. Mejor estamos bien solo los dos.

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