Florencia se sujetaba el vientre en silencio, sin responder nada más. A su alrededor, la quietud volvía a adueñarse de la habitación.
Esa mañana, cuando Florencia despertó, Salvador ya no estaba. Solo quedaba el tenue aroma a madera oscura en la almohada, prueba de que él sí había dormido en la recámara principal la noche anterior.
Agarró su celular y le mandó un mensaje a Agustín, preguntándole cómo había estado Juliana el día anterior.
Agustín le contó que, muy temprano, Facundo en efecto había llevado a Juliana a la empresa.
Además, Agustín agregó que Facundo últimamente se la pasaba consintiendo a Juliana, mientras que Sara había tenido que aguantarse muchas cosas en la casa, y hasta andaba atendiéndola casi como si fuera su empleada.
Al final, Agustín soltó:
[Señora, no sé si solo soy yo, pero siento que la señora Juliana anda con sus propios planes… ¿Usted cree que ahora que está yendo a la empresa tenga alguna otra intención?]
Desde el punto de vista de Agustín, aunque Juliana siempre se pegaba mucho a Facundo, nunca la habían visto aguantar malos tratos delante de otros. Ahora no solo había hecho que Facundo la llevara a la empresa, sino que hasta Sara se veía obligada a servirla en la casa.
Agustín sentía que Juliana no era tan ingenua como aparentaba.
Florencia soltó una risa desdeñosa ante lo que dijo Agustín.
—Eso es idea tuya, Agustín. Ella solo quiere ayudarle a Facundo, nada más. De todos modos, te encargo que sigas echándole un ojo por mí, ¿va?
Para Florencia, era más fácil creer que Juliana solo quería ayudar a Facundo que pensar que estaba tramando algo más.
Después de todo lo que pasó la noche anterior en el salón de fiestas, frente a tanta gente, Juliana no le mostró ni una pizca de compasión como madre y hasta le soltó palabras venenosas. Florencia estaba convencida de que Juliana no estaba en su sano juicio.
Colgó la llamada y se quedó sentada, intentando tranquilizarse antes de bajar a desayunar.
Emilia llegó justo cuando servía la comida y, al ver a Florencia, fue a la mesa y le entregó algo que tenía sobre la mesa de centro.
—Señora, no sé quién lo dejó en la puerta esta mañana. Me imagino que es para usted.
Florencia vio el paquete: eran dos boletos para el concierto de Entretenimiento Luna de Diamante.
No supo por qué, pero recordó las palabras de Martina de la noche anterior.
Al ver los boletos, sintió que había algo turbio detrás.
Si alguien cercano se los hubiera regalado, al menos le habrían mandado un mensaje, no se los dejarían aventados en la puerta.
Pensando en eso, se los devolvió a Emilia.
—Déjalos por ahí.
Emilia no preguntó nada y guardó los boletos. Luego agregó:
—Llamaron de la casa grande. La señorita Luciana vendrá más tarde.
La "señorita" a la que se refería Emilia era la prima de Salvador, Luciana Fuentes.
—El abuelo ha estado muy preocupado por ti últimamente. Me pidió que viniera a preguntar si podrías ir a la casa grande para el Día de la Luna.
Era una forma indirecta de tantear si el matrimonio de Florencia y Salvador seguía en pie.
Luciana tenía una expresión algo nerviosa y agregó:
—Florencia, el abuelo de verdad se preocupa mucho por ti. Si puedes ir a verlo, le darías mucha tranquilidad.
Florencia no se negó.
Aún tenía asuntos pendientes con Salvador, así que, aunque Luciana no se lo hubiera pedido, de todos modos pensaba ir a la casa grande con él en esa fecha.
Después de conversar un rato más, Luciana se fijó en los boletos sobre la mesa y, sorprendida, preguntó:
—Florencia, ¿cómo conseguiste entradas para el concierto de Rafael? ¿También te gusta Rafael?
—No sé quién me las dio. Si te gustan, quédatelas —respondió Florencia.
Luciana se emocionó. Volvió a preguntar:
—¿De verdad no las necesitas? Entonces me las llevo, ¿eh? Ya después te grabo videos del concierto.
Florencia no le encontraba mucho atractivo al concierto, pero ver a Luciana tan feliz la hizo sonreír. Aun así, tenía un mal presentimiento sobre ese evento.

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