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Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano romance Capítulo 127

Al mediodía, Florencia llevó directamente a Luciana al restaurante que Salvador había reservado.

Para sorpresa de todos, Salvador sí llegó a tiempo y ya los estaba esperando.

Al ver a Luciana, la expresión de Salvador cambió de inmediato y preguntó, molesto:

—¿Por qué la trajiste también?

Florencia contestó con calma:

—El abuelo no confía en nosotros, y pues esto es para que él se quede tranquilo. ¿De veras era para tanto tu reacción?

En realidad, lo del abuelo era solo una excusa. Florencia no quería quedarse sola con Salvador ni por error.

La explicación parecía razonable, así que Salvador no tuvo más remedio que aceptar y pedir que le pusieran un lugar más a Luciana.

Luciana, nerviosa, intentó aligerar el ambiente:

—Salvador, qué detalle el tuyo, esto está muy romántico, ¿no estaré de sobra aquí?

La verdad, ella tampoco quería ir.

Pero ni modo, acababa de sacarle a Florencia dos boletos para un concierto y, ya que Florencia la invitó, no podía decir que no.

Salvador la miró de reojo, con fastidio:

—Si ya sabes, ¿para qué viniste?

Luciana solo pudo reírse, incómoda, y en seguida jaló un platillo hacia ella:

—Jeje, tranqui, yo nomás como, no me meto en nada. Ustedes platiquen.

La cara de Salvador se tensó todavía más. Florencia casi podía ver cómo por dentro Salvador quería gritarle a Luciana “¿por qué no te vas de una vez?”

A pesar de todo, Florencia y Luciana disfrutaron más o menos la comida, aunque Salvador se la pasó de mal humor.

Después del almuerzo, Salvador se fue directo a la oficina. Florencia y Luciana aprovecharon para pasear un rato, y hasta el atardecer Luciana se dejó convencer de volver a casa.

Antes de irse, Luciana no perdió oportunidad y le preguntó a Florencia si iría a la casa vieja para celebrar el Día de la Luna. Era obvio que alguien le había encargado esa tarea.

No fue hasta que Florencia le dio una respuesta clara que Luciana se marchó tranquila.

...

Al regresar a Jardines de Esmeralda, Florencia recibió un mensaje de Thiago. Le avisaba que en unos días sus composiciones tendrían una presentación previa en línea, y le preguntaba si tenía alguna sugerencia.

Florencia no entendía mucho de esas cosas, era la primera vez que componía para alguien, así que prefirió dejar todo en manos de Thiago.

Después de todo, todavía le debía a Thiago cincuenta millones por culpa de Facundo. Thiago, por supuesto, iba a esforzarse para recuperar hasta el último peso de esa deuda.

—¿Sentarse? Primero explícanos qué está pasando hoy. Señorita Villar, Thiago confió en usted y no dudó en gastar una fortuna para sumarla al Grupo Guzmán. ¿Así es como le paga? ¿Sabe usted que este grupo musical es el primer proyecto que él impulsa desde su regreso al país? Le dio los derechos de composición, ¿y usted se atreve a salir allá afuera con plagio?

El que hablaba era Yago Guzmán, tío de Thiago y papá de Gilda.

Florencia, que hasta ese momento no entendía nada, sintió un escalofrío cuando escuchó la palabra “plagio”.

Incluso los hombros le temblaron sin querer.

—Yo no copié nada. Todas esas piezas las compuse yo sola —respondió Florencia, la voz apenas le salía.

—¿Con decir que no copió basta, señorita Villar? ¿Sabía usted que la música que lanzamos hoy para el evento coincide casi por completo con las piezas que Rafael tocó en su concierto? ¿O va a decir que fue Rafael quien la copió a usted? —insistió Yago, apretando los dientes.

Otra vez el concierto. Otra vez esa palabra.

Las frases malintencionadas de Martina resonaban en la mente de Florencia.

Intentó conservar la calma y preguntó:

—¿Y por qué no podría ser así? Si las dos piezas se parecen, ¿por qué de una vez me echan la culpa a mí? Soy parte del Grupo Guzmán, y ni siquiera se han tomado el tiempo de investigar. Señor Yago, ¿no cree que es darle las armas al enemigo y pisotear a los suyos?

—Qué hábil con las palabras. ¿Usted sabe quién es Rafael? Se graduó de una universidad de música muy reconocida en el extranjero, lleva años en este gremio. ¿Y usted? Ni siquiera estudió música, y últimamente se la ha pasado en casa, nada más como ama de casa. ¿Con qué cree que puede competir?

—Cuando Thiago insistió en contratarla, nadie en la junta estuvo de acuerdo. Pero él se empeñó en defenderla, así que al final accedimos a regañadientes.

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