La tensión que Florencia había sentido finalmente se disipó. Con una sonrisa cordial, posó para las cámaras, colaborando con los medios que no paraban de tomarle fotos.
Cuando todo terminó, ya había pasado media hora. El público en las gradas casi se había ido por completo; en el sitio donde minutos antes estaba sentado Salvador, solo quedaba el vacío.
Nadie supo en qué momento decidió marcharse.
Gilda se acercó a Florencia y, sin dudarlo, la envolvió en un fuerte abrazo.
—Florencia, felicidades, sabía que lo ibas a lograr —le dijo con alegría desbordante.
Florencia también sonrió. Observó el trofeo entre sus manos, recordando ese sueño inconcluso de los dieciséis años, uno que por fin, a sus veinticinco, estaba logrando alcanzar.
—Florencia, ahora que ganaste el campeonato y ya te ubican en el medio, seguro te van a buscar para colaboraciones y shows privados. Más tarde la familia Vargas organiza una cena. Yo te diría que vayas, ahí podrías conocer gente importante del gremio —le recomendó Gilda con tono decidido.
Ella conocía perfectamente las metas de Florencia: si quería demostrar de lo que era capaz, necesitaba hacer que su nombre sonara fuerte y rápido.
No había tantos eventos de ese nivel, solo participar en competencias sería demasiado lento.
Relacionarse y entrarle a más proyectos era el camino para hacer que su nombre estuviera en boca de todos.
Sobre todo hoy, justo después de haber ganado el campeonato, Florencia debía aprovechar el impulso.
Todo lo que Gilda decía, Florencia lo tenía claro. Así que no dudó en responder:
—Gilda, dame un minuto, voy al camerino por mi bolsa y te alcanzo.
Se había quedado tomándose fotos un buen rato y, cuando regresó al backstage, los demás concursantes ya se habían marchado. El lugar estaba desierto.
Localizó su bolsa en cuestión de segundos. Justo cuando iba a salir, una sombra enorme cubrió la entrada.
Salvador estaba ahí, de brazos cruzados, viéndola desde arriba con una mirada cargada de burla.
—Vaya, señora Fuentes, hoy sí que te luciste, ¿eh? No llevas ni un mes lejos de mí y ya andas por ahí presumiendo, ¿así de fácil te olvidas de mí?
Fue avanzando hacia Florencia, cada paso suyo llenando el ambiente de una presión asfixiante.
Con solo mirarlo, Florencia sintió que el corazón se le apretaba en el pecho, como si alguien se lo estuviera exprimiendo, provocándole un dolor agudo y persistente.
Sentía un sabor metálico en la garganta, pero ignoró a Salvador. Intentó pasar de largo, pero él fue más rápido: la sujetó del hombro y la empujó contra el tocador.
—¿De qué huyes? ¿Te estorbo para buscar a tu próximo galán?
Salvador la miró con desprecio.

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