Cada palabra repetida, cada frase acusatoria, caía sobre Florencia como piedras pesadas directas a su corazón.
Durante este tiempo había escuchado ya demasiadas veces ese tipo de comentarios; era como si se hubiera vuelto inmune.
—Gané el primer lugar por mérito propio, ¿por qué debería darme vergüenza? —respondió Florencia con voz firme—. Más bien, señorita, si tienes tantas ganas de aparecer en los periódicos, ¿qué te parece si te ayudo a conseguir una portada? Algo como “Cierta participante no soporta perder y acosa a la campeona tras el concurso”.
—¡Tú...! Tris, ¿ya viste cómo me habla? Saca a esta descarada de aquí de inmediato —soltó la mujer del vestido blanco, al ver que Florencia no retrocedía ni un poco. Se aferró al brazo de Tristán, pero él le apartó la mano sin titubear.
Con voz grave, Tristán la interrumpió:
—Ya basta, Melina. Este no es lugar para tus berrinches. Si tienes algún problema, eres libre de irte. Y la señorita Villar tiene razón: ella ganó el premio por su propio esfuerzo. Si te molesta, entonces esfuérzate el doble y supera a los demás, pero no vengas aquí a hablar tonterías.
Melina...
Al escuchar ese nombre en labios de Tristán, Florencia recordó de golpe: ella era la participante número diecinueve, la que había quedado justo delante de ella. Entre ambas solo hubo una diferencia de cero punto tres puntos.
Era una distancia mínima; con una pizca más de cuidado Melina habría podido alcanzarla. No era de extrañar que estuviera tan alterada.
—Tristán, yo...
—O te callas, o te vas. Tú decides —le soltó Tristán sin disimular su fastidio, dando por terminado el asunto.
Melina frunció el ceño, apretó los labios y al final retrocedió un paso, dejando de insistir con Florencia.
Tristán solo le dedicó a Florencia un leve asentimiento de cabeza, sin agregar nada más, y se alejó junto a Salvador.
Cuando Salvador pasó junto a Florencia, la miró con una mezcla de enojo y algo retorcido en la mirada, como si la viera como una oveja que se había metido sola en la boca del lobo.
Florencia, con el entrecejo fruncido, ignoró por completo esa mirada y tomó al azar una copa de champán de la bandeja que pasaba cerca.
Poco a poco el ambiente volvió a la calma.
...
Justo entonces, Sofía, a quien Florencia había querido conocer desde el inicio, se acercó a ella por cuenta propia.
De nuevo le preguntó por la pieza musical. Esta vez le reveló el motivo: tenía una amiga que estaba filmando una película artística para competir en festivales, pero le faltaba una pieza de piano para completar la banda sonora.
Después de escuchar la composición de Florencia, le pareció perfecta para la película de su amiga, por eso quería saber si era una pieza original.

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