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Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano romance Capítulo 22

La voz del abuelo volvió a retumbar, y esta vez, Florencia sintió que cada palabra era un compromiso dirigido solo a ella.

Pero Florencia seguía sumida en un estado de aturdimiento, como si nada de lo que escuchaba pudiera atravesar esa nube espesa en su mente.

Las palabras impresas en ese acuerdo ardían en sus ojos, lastimándola, y destruían por completo esa pequeña esperanza que apenas ayer comenzaba a surgir en su corazón, la esperanza de que tal vez Salvador aún sentía algo por ella.

En ese instante, el divorcio se volvió un sueño lejano, inalcanzable.

Florencia permaneció en silencio durante mucho tiempo.

De pronto, el abuelo cambió de tono.

—Salva se fue de prisa y no alcanzó a desayunar. Le pedí a Camila que preparara algo de comer, llévaselo a la oficina, por favor.

Luego, como si los sentimientos no importaran, añadió:

—El amor a veces no es lo más importante. Más bien, deberías enfocarte en aprender a ser una buena señora Fuentes. Los hombres pueden cambiar de parecer en un abrir y cerrar de ojos. Quizá, cuando tengas un hijo, Salva regrese a casa.

Al escuchar esto, Camila se apresuró a traer una canasta con comida.

Florencia miró el rostro del abuelo y, de repente, ese hombre que siempre le pareció amable y cariñoso, la hizo sentirse helada hasta los huesos.

La enorme familia Fuentes le parecía una jaula, apretando sus barrotes a su alrededor, sin dejarle salida.

Ella pensaba que el divorcio solo era asunto entre Salvador y ella, pero ahora…

Ahora todo era mucho más complicado.

Florencia no tenía el más mínimo deseo de ir al Grupo Fuentes.

Allí, todos adoraban a Martina, y ella, la supuesta señora Fuentes, no era más que motivo de burla.

Pero el abuelo estaba decidido, y encima mandó a Camila para que la acompañara.

Aunque, más que acompañarla, era obvio que la estaba vigilando.

No le dieron espacio para negarse. La subieron al carro casi a la fuerza.

En comparación con Emilia, que era toda chismes en Jardines de Esmeralda, Camila era una tumba; no abrió la boca en todo el trayecto, lo que permitió a Florencia relajarse un poco.

Pero esa sensación desapareció en cuanto llegaron al edificio del Grupo Fuentes.

Salvador no estaba en la empresa. Alguien mencionó que había salido a “cerrar un trato” con Martina. Florencia solo quería dejar la comida en la recepción y largarse de ahí.

Pero Camila no lo permitió. Insistió en que debía entregarle la comida a Salvador en persona.

—Es lo que ordenó el abuelo —repitió, cortante.

Florencia no pudo zafarse y terminó sentada con Camila en la sala de espera, hasta que el reloj marcó las dos de la tarde.

El aroma de la comida llenaba el aire, y Florencia, que no había probado bocado desde la mañana, ya sentía el estómago dándole vueltas y la vista nublándose. Pero Salvador no volvía.

A esa hora, Florencia estaba segura de que Salvador se había ido con Martina a una cita romántica, y no a cerrar ningún trato. Intentó varias veces convencer a Camila de que ya se fueran, pero cada vez recibía la misma respuesta: eran órdenes del abuelo.

Capítulo 22 1

Capítulo 22 2

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