—Por supuesto que confío en usted, señorita Villar. Además, ya me di cuenta de que mi tío no se guarda nada cuando está con usted —comentó Tristán, clavando la mirada en los ojos de Florencia. Volvió a tantear el terreno—: Dígame, señorita Villar, después de este último viaje, ¿no ha pensado en buscar a algún familiar con quien tenga confianza?
En realidad, Tristán ya había mandado a investigar a Florencia.
Sabía más o menos cómo era la situación familiar de ella, sobre todo lo referente a su madre. Pero esa mujer era un auténtico enigma; su gente ni siquiera había conseguido una foto suya.
—Usted lo sabe, señor Vargas, estos días he estado tan ocupada con el tema del divorcio que ya no sé ni por dónde voy —respondió Florencia, esquivando la pregunta con elegancia.
Como el tema cambió de rumbo, Tristán no insistió más.
La noticia del divorcio de Florencia hacía un par de días que se había filtrado en internet. Aunque la familia Vargas logró apagar el escándalo rápido, la verdad era que ahora los Vargas y los Fuentes eran aliados, y a Tristán ya le había llegado el rumor.
El ambiente se puso incómodo, así que Tristán prefirió no ahondar.
—De ahora en adelante, seguro que voy a tener que pedirle ayuda con mi tío, señorita Villar. Y por favor, deje de llamarme “señor Vargas”, que se oye bien raro.
Usted le dice “tío” a mi tío, y yo soy un poco más grande que usted. Si no le molesta, dígame simplemente Tristán.
...
Santiago no estaba nada bien. Apenas se había quedado dormido cuando de pronto se despertó de golpe, como si acabara de salir de una pesadilla.
Florencia corrió a verlo. Mientras lo observaba, Santiago murmuraba el nombre de Juju una y otra vez, repitiendo lo que había dicho antes en el restaurante: que lo sentía, que no debió llegar tarde.
Con el ánimo tan alterado, Florencia prefirió no preguntarle nada más. Solo se quedó a su lado, acompañada del médico de cabecera, tratando de tranquilizarlo.
Tristán también quería entrar, pero justo en ese momento sonó su celular. Al ver el nombre en pantalla, echó una rápida mirada hacia Florencia y se alejó hasta el otro extremo del pasillo antes de contestar.
—Señor Fuentes, con tantos pendientes que tiene, ¿qué milagro que me llama?
Del otro lado, la voz de Salvador sonó áspera, mezclada con chisporroteos del auricular.
—Mi esposa se fue a Alicante, aquí no me doy abasto. Quería ver si usted podía conseguir a alguien que la ayude mientras llego yo en unos días. Después le agradezco personalmente.
—¿Esposa? —Tristán fingió sorpresa—. Según lo que vi en internet, ¿no que ya se habían divorciado, señor Fuentes? ¿O todo eso fue puro chisme?
Antes de asociarse con Salvador, Tristán ya había investigado un poco sobre él, sobre todo por lo que circulaba en redes.
La neta, Tristán no estaba de acuerdo con muchas de las cosas que hacía Salvador. Pero como solo eran socios de negocios, no le interesaban sus asuntos personales.

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