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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 101

Sin embargo, el impacto de todo este asunto terminó superando lo que Gisela había previsto.

Durante el receso, el pasillo frente al salón se llenó de estudiantes que iban y venían, murmurando con esa emoción que solo traen los chismes frescos.

Gisela, que ya había sentido la muerte una vez, no se molestaba por las habladurías ni los rumores. A ella lo que le preocupaba era cómo podrían afectar estos comentarios a Delia y las demás.

Al terminar las clases, Gisela se acercó intencionalmente a Delia, bajó la voz y le preguntó:

—¿Vas a tu otro trabajo otra vez?

Delia negó con la cabeza.

—No, solo tengo un trabajo, tú viste cómo están las cosas.

Gisela la miró de frente.

—¿Y ahora qué piensas hacer?

Delia se colgó la mochila vacía al hombro, soltó una sonrisa despreocupada y contestó:

—¿Qué más? Pues seguir adelante, ya veré cómo se acomodan las cosas.

Gisela dudó un momento, estaba a punto de decir algo, pero Delia la interrumpió levantando la mano.

—Eh, ni pienses en ofrecerme dinero, todavía no llego a ese extremo.

—De acuerdo —aceptó Gisela.

Apenas salieron a la calle, Gisela se dio cuenta de que los rumores no iban dirigidos contra ellas, ni contra Delia. En realidad...

Era sobre Romina.

—¿Supiste? Dicen que Romina llevó gente para arruinarle la vida a Gisela, y hasta metió en problemas a Delia.

—Sí, yo también escuché que fue el primo de Romina el que lo intentó. Iban a hacerle algo a Gisela, pero Delia llegó con refuerzos y la salvaron justo a tiempo.

—¿En serio? ¿Romina haría algo así? Yo creía que era buena onda...

—¿Qué vas a saber tú? La gente parece una cosa y luego resulta otra. Yo desde hace rato le tenía desconfianza a Romina, solo disimula muy bien, pero es una víbora.

—Eso mismo anda circulando en redes.

—¿Y Nelson, qué? ¿No la detuvo? Por lo menos Gisela vivió varios años en casa de los Tovar.

—¿No sabías...?

—¿Qué haces parada aquí como estatua?

Gisela apretó el celular y negó con la cabeza. Delia, curiosa, se asomó a ver la pantalla y alzó las cejas.

—¿Y eso no es buena noticia? ¿Por qué traes esa cara?

Gisela murmuró:

—Hay algo raro aquí.

—¿Qué cosa?

—¿Cuándo has visto que dejen tanto tiempo publicaciones hablando mal de Romina en internet?

Delia, que siempre captaba rápido, entendió al instante.

—Tienes razón, ¿por qué será?

Esa pregunta se le quedó dando vueltas a Gisela todo el camino a casa, sin encontrar una respuesta.

No fue sino hasta que Arturo la invitó a cenar a la mansión Tovar, que finalmente entendió lo que estaba pasando.

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