Gisela apenas frunció el ceño, a punto de decir algo, cuando Arturo continuó:
—Esta vez va a ir la prensa, invité a alguien para que te arregle y te tomen unas buenas fotos.
Con eso, a Gisela le quedó claro todo.
El motivo por el que la familia Tovar había invitado a periodistas era para anunciar el compromiso de Nelson y Romina. Y su condición de hija del chofer que se sacrificó por Arturo, acogida por la familia Tovar, era algo bien sabido en el círculo social.
A la familia Tovar le importaba muchísimo el qué dirán, y Arturo no perdía oportunidad para presumir que la había adoptado, usando eso para construirse una reputación impecable.
Si la prensa se enteraba de que Gisela ya había sido echada de la familia hacía tiempo, la imagen de los Tovar se vería afectada. Por eso, Arturo insistía tanto en que ella asistiera a la fiesta de cumpleaños.
De pronto, Gisela soltó una carcajada suave.
¿Qué le importaba a ella si la familia Tovar tenía buena fama o no?
En su vida pasada, cuando su reputación quedó por los suelos, ninguno de los Tovar salió en su defensa; al contrario, la pisotearon aún más.
Con una sonrisa tranquila, Gisela dijo en voz baja:
—No se preocupe, abuelo. Que se diviertan mucho, no hace falta que se molesten en buscarme estilista.
No esperó a que Arturo respondiera y agregó de inmediato:
—Le adelanto mi felicitación por su cumpleaños, le deseo mucha salud y una vida larga y feliz.
—Bueno, abuelo, me tengo que poner a estudiar. Hasta luego.
—¡Pum!— El sonido del teléfono colgando resonó en la sala.
Al voltearse, Gisela se topó con la mirada entre esperanzada y dolida de Aitana.
—¿Era Arturo? ¿Nos invitó a la fiesta de cumpleaños?— preguntó Aitana con cautela.
Gisela asintió sin rodeos.
—Sí.
Fue a sentarse a la mesa, tomó un pedazo de huevo frito y se lo llevó a la boca.
Aitana se acomodó en la silla frente a ella.
—¿Y le dijiste que no?
Gisela la miró de reojo.
—Sí. Seguro que ahí van a anunciar el compromiso de Nelson y Romina. Prefiero no meterme en ese circo.
Por un momento, Gisela pensó que Aitana aún tenía la esperanza de acercarse a la familia Tovar. Pero lo que hizo Aitana la sorprendió: se llevó las manos a la cabeza, frustrada.
—¿¡El señor Nelson ya se va a comprometer con su exnovia!?
—Sí, Romina está embarazada. Van a casarse porque viene el bebé en camino.
El huevo que Gisela tenía en el tenedor se le cayó de las manos.
¿Cinco millones?
¿Y no se los habían dado?
¿Todavía podía llamar para retractarse?
La reputación de la familia Tovar no valía ni la mitad de esos cinco millones.
En su vida pasada, ni siquiera llegó a ver ese dinero. Eso le dejaba claro que la familia Tovar nunca pensó dárselo.
Sin pensarlo mucho, Gisela tomó su celular, mirándolo como si fuera a lanzarse a una batalla.
¿Si marcaba en este momento, Arturo le contestaría?
Mil pensamientos se le arremolinaron en la cabeza.
Al final, justo cuando iba a reunir el valor para llamar a Arturo, el celular de Gisela comenzó a sonar: era Nelson.
Aitana le apretó el brazo.
—¡Contesta! ¡Ese dinero no se puede perder!
Gisela se sobresaltó y, sin pensarlo más, respondió la llamada.

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