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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 294

Es Nelson.

Gisela dejó el tenedor en la mesa y le respondió con voz cortante:

—Fuiste tú quien decidió traer a la señora, eso no tiene nada que ver conmigo.

Nelson se acercó, sus ojos oscuros se posaron brevemente en el tobillo de Gisela, cubierto por el yeso, y habló con seriedad:

—Si no te gustó, cambiaremos por otra. Vamos a buscar hasta que estés satisfecha.

—Ya te dije que no necesito a nadie —le contestó Gisela sin mirarlo.

Pero Nelson ni siquiera parecía escucharla:

—Mañana vendrá otra señora.

Gisela frunció el ceño:

—Nelson, ¿te das cuenta de lo que estás haciendo?

Nelson tomó la carpeta médica que estaba junto a la cama y la hojeó sin mucho interés:

—¿Qué dijo el doctor?

La mirada de Gisela se volvió distante:

—El doctor dijo que si no tuviera a alguien molesto frente a mí, me recuperaría mucho más rápido.

En realidad, el doctor había dicho que la lesión no era grave, que debía guardar reposo, evitar moverse demasiado o hacer esfuerzos, seguir yendo a los controles y poner las medicinas que le recetaron. Si hacía todo eso, se recuperaría sin problemas.

Pareció que Nelson soltó una pequeña risa y luego dejó la carpeta médica en la mesita.

De pronto, alguien tocó la puerta del cuarto.

Nelson, como si fuera el dueño del lugar, respondió con tranquilidad:

—Adelante.

—Señor Nelson.

Gisela le tomó la mano y la hizo sentarse junto a la cama:

—Mamá, no es eso. No me dio tiempo de avisarte, pero no te preocupes, no es grave. El doctor dijo que si me cuido, todo va a estar bien.

Aitana la miró con reproche:

—En tres meses tienes el examen de ingreso a la universidad y tú dándome estos sustos. Dime la verdad, ¿cómo fue que te rompiste el pie?

Gisela miró de reojo a Nelson y, sin contarle toda la verdad a su madre, eligió una versión que ella pudiera aceptar:

—Fue que una estructura de metal se cayó en el escenario y no me di cuenta. Me pegó y ya.

Aitana soltó un resoplido y se quejó:

—¿No que ese concurso era importantísimo? ¿Cómo es posible que se caigan esas cosas? De veras que ni en los pueblos pasa esto. ¿Y los organizadores? ¿Qué dijeron del hospital y el dinero de la recuperación?

—No te preocupes, mamá. Los del evento ya me hablaron y dijeron que se harán cargo de todo, no me va a faltar nada —aseguró Gisela.

—Bueno, entonces está bien. ¿El doctor ya te dijo cuándo te puedes ir a la casa? El examen de ingreso está cerca y no puedes dejar de ir a la escuela. Tus notas siempre han sido buenas, pero no quiero que esto te retrase —insistió Aitana.

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