Xavier se acercó al lado de Bruno con el ceño fruncido y le soltó, sin miramientos:
—Levántate, quiero sentarme aquí.
Gisela se quedó callada por un segundo.
—Oye, ¿y a ti qué te pasa? —soltó Gisela entre risas—. Xavier, ¿qué traes ahora?
Xavier alzó la mirada y le lanzó una mirada fulminante. Su expresión se volvió todavía más amarga, y su tono, cortante:
—Te dije que te levantes.
Bruno, algo incómodo, se rascó la cabeza y le preguntó a Gisela en voz baja:
—¿Debería hacerle caso?
Gisela hizo un gesto de fastidio.
—Ni lo peles.
Bruno asintió con seriedad.
—Está bien.
Xavier estaba a punto de explotar de la rabia.
Soltó un par de carcajadas sarcásticas y le lanzó a Gisela:
—¿Así es como me vas a tratar?
Gisela ni le contestó.
Entonces Xavier soltó una bomba:
—¿Ya se te olvidó que hace unos días me dijiste que te gustaba? ¿Tan rápido se te olvidó?
Bruno y Delia se quedaron petrificados.
Incluso Gisela se quedó muda, sorprendida por lo que Xavier acababa de decir.
¡Maldito! Ese tipo otra vez intentando arruinarle la reputación.
La voz de Xavier no era precisamente discreta. La gente de las mesas cercanas volteó a verlos, con la curiosidad encendida y los ojos llenos de chispa, deseando más chisme.
Delia no paraba de parpadearle a Gisela, intentando darle señales.
[¿Qué está pasando? ¿Qué fue eso? ¿Que le confesaste tu amor?]
[¿Por qué no me presentas a ese galán?]
[Vaya, yo ni enterada de que te gustaba un tipo así de guapo.]
Delia parpadeó tanto que casi le daban calambres en los párpados, pero Gisela no entendía lo que trataba de decirle.
Gisela lanzó una mirada desafiante a Xavier, quien le regresó el gesto. Entre ambos volaban chispas, como si se estuvieran retando en silencio.
—Sí, tenemos que platicar seriamente.
Bruno, aliviado, dio la vuelta rápidamente y se sentó frente a su antiguo lugar.
Xavier levantó el mentón y se sentó junto a Gisela, cruzando los brazos y mirándola con aires de superioridad.
Entre dientes, Gisela preguntó:
—¿A qué viniste?
Xavier respondió con un resoplido:
—A cachar infieles.
Delia y Bruno se quedaron boquiabiertos.
Gisela apretó los dientes y le advirtió en voz baja:
—¡No empieces con tus tonterías!
Delia levantó la mano para pedirle a Gisela que se calmara.
—Gisela, ¿cómo se te ocurre tratar así a un chavo tan guapo? Eso no se hace, es de mala educación. Si viene alguien, hay que tratarlo con respeto.
Mientras decía esto, Delia empujó su café hacia Xavier.
—Todavía no lo pruebo, guapo, tómalo tú.

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