Debido a que seguían sin conseguir los derechos de Coneja Rosita ni del Juego de la Ciudad, el nuevo proyecto de Códice Avanzado quedó suspendido de forma indefinida.
Nelson había viajado a Ciudad de los Vientos por trabajo, y llevó consigo a Romina y Thiago.
Durante esos días, Gisela tampoco se había visto con ellos. Por fin, pudo disfrutar de unos días de tranquilidad.
Hasta que llegó una conferencia de intercambio económico.
Blanca, la asistente de Gisela, desapareció.
Cuando Gisela se dio cuenta de que Blanca no estaba, ya había visto a lo lejos a Nelson y Romina.
La reunión, organizada por el gobierno, era una conferencia de intercambio económico. Empresarios de distintas regiones habían volado hasta allí para asistir al evento, así que el lugar estaba repleto de gente. Apenas entró al salón principal, decenas de personas se acercaron a Gisela para platicar con ella.
Gisela se desenvolvía con soltura entre todos, mientras Blanca, discreta y tranquila, la acompañaba de cerca. Por eso, ella no le prestó demasiada atención.
Antes de llegar, Gisela no tenía idea de que Nelson y Romina también asistirían. Se enteró recién cuando los divisó entre la multitud.
No les dio demasiada importancia.
Sin embargo, al girar la cabeza, notó que Blanca, quien la seguía todo el tiempo, ya no estaba a su lado.
Blanca era una adulta responsable y centrada. Gisela no pensó que se pudiera perder, y además, siendo un evento organizado por el gobierno, la seguridad era buena. Era poco probable que ocurriera algo raro.
Gisela supuso que Blanca habría ido al baño y simplemente se le olvidó avisar.
Por si acaso, le mandó un mensaje preguntándole adónde había ido.
Comenzó la conferencia y a Gisela le asignaron un asiento en la segunda fila, hacia la izquierda.
Por coincidencia, Nelson y Romina estaban justo enfrente, del lado derecho. Cada vez que Gisela quería mirar hacia el estrado, tenía que hacerlo por encima de sus hombros.
Al sentarse, Romina se giró y la saludó.
Gisela sintió de inmediato que algo no estaba bien.
Desde el momento en que Blanca entró a trabajar con ella, Gisela había dejado claro que ser su secretaria implicaba adaptarse a un ritmo de trabajo intenso. Ella misma nunca paraba, así que su asistente tenía que seguirle el paso.
El salario era mucho más alto que el promedio, y Blanca aceptó casi sin pensarlo.
Blanca era lista y eficiente. Gisela había quedado muy satisfecha con ella desde el primer día.
No solo durante el horario laboral, sino también después de la oficina, Blanca siempre se mantenía disponible y nunca había pasado algo como no poder localizarla.
Gisela guardó el celular, manteniendo la calma.
No se desesperó. Primero, habló con el personal del evento para pedirles ayuda buscando a Blanca.
Mientras tanto, Gisela seguía en el salón, platicando con otros empresarios, pero sus pensamientos ya estaban lejos.

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