Gisela sostuvo el vaso de agua y se enderezó en la cama.
Por un instante se quedó pasmada, y al ver que Xavier en verdad sacaba su celular para marcar, se apresuró a detenerlo.
—¡Eh, no marques! No llames a la policía.
De la pura ansiedad casi se bajaba de la cama, y por poco jalaba también el soporte del suero.
Xavier, al notar su reacción, guardó de inmediato el celular y se acercó para ayudarla a estabilizarse.
—¿Por qué te apuras tanto? Tranquila, no te vayas a lastimar.
Gisela, aún con desconfianza, le soltó:
—¿Seguro que no marcaste?
Xavier acomodó el suero en su sitio.
—No, no marqué.
Ya con el suero fijo, Xavier la miró de frente.
—Gisela, necesito una buena razón para no llamar a la policía.
La mente de Gisela giraba a mil por hora, dudando si debía contarle la verdad o no.
Al sentir que la cabeza le iba a estallar, apretó los dientes y se decidió:
—En realidad no me dieron nada en la bebida.
—¿Cómo? —preguntó Xavier.
—No me dieron nada en la bebida. En el bar, todo fue un teatro. Engañé a todos.
Las cejas de Xavier se juntaron con fuerza.
—¿Entonces qué onda con el suero?
—Cuando estaba con el doctor, le dije que tenía síntomas de baja de azúcar. El suero es solo para eso, para la baja de azúcar. No me pasa nada.
Romina tenía razón.
Si de verdad hubiera querido vengarse de Romina poniéndose en riesgo, ahí sí estaría perdiendo de verdad.
No era tan tonta para eso, mucho menos para dañar su propio cuerpo.
Además, esta vez, tampoco había logrado tambalear lo que sostenía a Romina.
Aunque Nelson sospechó de ella, también la estuvo protegiendo.
Así que, desde el principio, lo de la borrachera y lo de que le pusieron algo en la bebida fueron puro cuento.
Hasta el rubor en sus mejillas era maquillaje, ahora se veía un poco pálida porque, de hecho, sí tenía la azúcar baja.

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