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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 580

—¿Hasta aquí nada más?

—¿Hasta aquí nada más?

Apenas Nelson terminó de hablar, dos voces resonaron en el cuarto.

Hernán soltó una carcajada desdeñosa.

—¿Tú crees que esto termina aquí? Si Gisela tuvo el descaro de hacerlo, ahora que aguante las consecuencias.

Gisela estaba a punto de replicar lo que dijo Nelson, pero al escuchar a Hernán, le respondió con una risa burlona:

—Perfecto, señor Hernán, quiero ver hasta dónde llega su cinismo.

Sin pensarlo, volvió a tomar la botella intacta que tenía al lado y se lanzó con paso decidido hacia Hernán.

Pero fue inútil: Nelson le sujetó la muñeca y no pudo acercarse ni un poco a Hernán.

Gisela giró el rostro, fulminándolo con la mirada.

—Suéltame.

Nelson se inclinó un poco más, bajando aún más la voz.

—Gisela, ¿de verdad quieres acabar en la cárcel?

El enojo le hervía por dentro.

—Eso no te incumbe, deja de meterte en lo que no te importa.

—Ya basta.

Nelson la jaló hacia él y le habló en tono seco, casi regañándola.

Viendo el ambiente cada vez más tenso, Adrián corrió a interceder, forzando una sonrisa mientras ayudaba a Hernán a sentarse al borde de la cama y cubriéndolo con una manta.

—Señor Hernán, señor Hernán, cálmese, por favor, siéntese un rato a descansar, no se altere.

Cuando lo acomodó, se volvió hacia Gisela.

—Sí, sí, mejor tranquilicémonos todos, ¿no? Mire, señorita Gisela, deje la botella, se ve feo, ¿qué tal si la bajamos? Mejor platicamos con calma, no hay prisa.

Gisela apretó los labios sin responderle, clavando la mirada en Nelson.

—Te dije que me sueltes.

¿Y ahora querían que con una patada se olvidara todo lo que él hizo?

¿Por qué Nelson y los demás insistían en detenerla?

Adrián, intentando calmar las aguas, insistió con voz amable:

—Señorita Gisela, sabemos que su secretaria pasó un mal momento. Más tarde iremos a su casa a ofrecerle una disculpa formal, ¿de acuerdo? Pero mire, con el señor Hernán de por medio, conviene mantener las formas. No vale la pena hacer de esto un escándalo mayor, ¿me entiende? ¿No le parece que tengo razón?

Gisela entendía perfectamente lo que querían decir.

En el fondo, para todos ellos, Jimena no era más que una secretaria sin respaldo, mientras que Hernán era un empresario famoso en todo el país.

Para ellos, la balanza ya estaba inclinada desde el principio.

Antes, Gisela despreciaba ese tipo de cosas.

Ahora, lo seguía detestando igual.

Después de unos segundos, Gisela dejó la botella sobre la mesa y habló:

—Suéltame. No voy a hacer nada.

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