Entrar Via

Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 584

En ese instante, el ánimo de Gisela era un revoltijo imposible de explicar, como si en el fondo del pecho algo le apretara y no encontrara palabras para soltarlo.

Miró la hora en su celular.

—Voy a pasar por ti ahora mismo, espérame afuera.

Xavier solo contestó que sí.

Cuando Gisela llegó, desde lejos divisó la silueta de alguien alto apoyado contra la pared. Llevaba una sudadera ancha, la visera negra del gorro apenas le cubría la cabeza. Estaba medio encorvado, con la mirada clavada en el suelo, y aunque las luces del bar lo bañaban de colores, él parecía no encajar en ese sitio. Era como si la fiesta y él habitaran mundos distintos.

Detuvo el carro justo frente a Xavier. Él la miró a través del cristal, sin decir nada, abrió la puerta y se sentó de inmediato.

El ambiente dentro del carro se volvió tenso. Xavier tenía el ceño marcado y los labios apretados, negándose a hablar.

Gisela encendió el motor y preguntó mientras aceleraba:

—¿Desde cuándo estás aquí?

Xavier cruzó los brazos, con la gorra puesta, y giró la cara para mostrarle solo la nuca, como si se negara a dirigirle la palabra. Su voz sonó apagada, arrastrando el enojo:

—Desde que intenté llamarte por quinta vez y no me contestaste.

Gisela apartó una mano para revisar el celular.

Las llamadas de Xavier habían sido hace cuatro horas. Eso quería decir que él había estado esperando ahí casi tres horas.

—¿Has estado aquí todo ese tiempo? —preguntó ella, sintiéndose incómoda.

Xavier chasqueó la lengua, se cubrió los ojos con la mano y soltó un suspiro largo antes de mascullar:

—Ya no me digas nada, sigo enojado.

Gisela se quedó callada, apretando los labios.

Unos segundos después, Xavier volvió a chasquear la lengua, esta vez con frustración:

—De veras, parezco idiota.

Gisela se sintió aún peor.

—No te enojes, de verdad tenía cosas que hacer. No me dio tiempo de devolverte la llamada, apenas salí del hospital hace un rato.

Xavier giró la cabeza de golpe y la miró fijamente.

—¿Te enfermaste?

—No, fue mi secretaria.

Gisela le explicó de forma sencilla lo de Jimena y Hernán, sin entrar en detalles.

Gisela arqueó una ceja.

—¿A poco nuestro señorito Xavier va a ponerse rudo?

Ella mantenía la vista en la carretera, sin notar que Xavier de repente se le acercó.

De pronto, la visión de Gisela se nubló un segundo; Xavier había extendido la mano y, con la yema de sus dedos cálidos y ásperos, le pasó suavemente por debajo de los ojos.

Ella se quedó inmóvil.

—¿Y eso? —preguntó, sorprendida.

Xavier quitó la mano con toda naturalidad, como si fuera lo más normal del mundo.

—Ya es muy tarde, mejor ve a dormir. Si no, mañana vas a andar con ojeras —dijo, casi en tono de regaño.

—Ah… bueno… —musitó Gisela.

...

Tal como Nelson y Gisela habían previsto, Hernán salió de la comisaría la mañana siguiente. El motivo: falta de pruebas.

Cuando Jimena se enteró, estuvo a punto de romperse. Gisela, al ver su estado, le concedió unos días libres y le pidió que descansara tranquila en casa, asegurándole que no se preocupara por los asuntos del trabajo ni por lo de Hernán.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza